24 May 2008

Crímenes populares

Por Gonzalo de Villa
Prensa Libre

Ya desde hace años los índices de delincuencia en el país se han disparado hasta niveles insufribles para la población en general en todo el país. Ello hace que cuente con altos grados de aprobación entre la ciudadanía desesperada una serie de prácticas de combate al crimen que incluyen la limpieza social y los linchamientos.

Desde el año pasado, y por primera vez en mi vida, vivo en el interior del país y tengo responsabilidad eclesial en los departamentos de Sololá y Chimaltenango. Ambos departamentos fueron noticia la semana pasada a causa de linchamientos de delincuentes a manos de turbas enfurecidas. La crueldad con que los linchamientos ocurrieron alimenta el morbo popular, pero también aplaca la sed de justicia y, por qué no decirlo, también de venganza entre amplios sectores de la población.

Si los linchamientos recientes tuvieron lugar en las cabeceras departamentales, la limpieza social ha operado con bastante eficiencia en las áreas del sur del lago y en los municipios cafetaleros de Chimaltenango. Los linchamientos fueron noticia a nivel nacional, pero la limpieza social, que ha implicado el asesinato de docenas de delincuentes o presuntos delincuentes, ha pasado mucho más desapercibida para los medios de comunicación social.

La administración de justicia, tanto en su práctica como en su diseño institucional, no tiene capacidad para enfrentar los índices de criminalidad existentes en el país. La desesperación de la gente es evidente, y su falta de confianza en los mecanismos de administración de justicia lo es también.

Ello nos está conduciendo a un profundo deterioro en la convivencia social, pero también a una crisis de humanismo. “La vida no vale nada” era el título de una viejísima canción creo que mexicana. Pero que la vida no vale nada es la percepción que cada vez más gente tiene con respecto a la vida en el país. Son miles los crímenes que quedan en la impunidad más absoluta. Lo podemos lamentar y lo podemos sufrir como sociedad, pero ni la impotencia resignada ni la orgía episódica de violencia criminal para combatir el crimen constituyen soluciones adecuadas a nuestros gravísimos problemas de violencia.

El papa Juan Pablo II, en los principios de su pontificado, en su primer viaje a Irlanda, afirmó con fuerza profética que “la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución a los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano”. Esas palabras dichas hace casi 30 años enfrentaban el horizonte de una Irlanda del Norte dividida por siglos. Una generación después, Irlanda es un país ejemplar por la paz y la prosperidad conseguidas. Para nosotros esas palabras creo que deben marcar el norte. Extirpar la violencia de nuestra sociedad pasa por extirparla de nuestras mentes. Son demasiados en Guatemala los que creen que la violencia soluciona los problemas de violencia, y en verdad solo los agrava.

1 comment:

mackiemesser said...

Hola,
Estoy estudiante en Solola tambien, pero estudio Antropolgía de Tecnología. Gusto mucho su blog y tengo un otro sobre noticias/ eventos en Solola y en Guatemala. Tengo un video sobre el linchamiento que se fue recentemiente. Por favor visita a mi blogs si quiere, se llaman
1) Así es La Vida En Sololá
(http://Asieslavidaensolola.blogspot.com)
y
2) Estudio de Internet en Sololá.
(http://estudiodeinternetensolola.blogspot.com)

Muchas Gracias!

Nicole