por Luis Linares
Siglo XXI (21 dic 09)
Estamos viviendo, igual que a finales de los años 90, una nueva y creciente ola de linchamientos que constituyen una evidencia contundente del desprecio que un buen número de guatemaltecos tiene por la vida humana. Algunos tratan de explicar estas acciones sanguinarias, en donde con lujo de barbarie y con la mayor impunidad, se asesina a presuntos delincuentes, en la desesperación de la gente ante la creciente e igualmente impune acción de los delincuentes.
Esa explicación, que a la larga se vuelve una justificación, me hacer recordar que ante los asesinatos de profesionales, políticos, religiosos, sindicalistas y dirigentes estudiantiles durante el conflicto armado, era frecuente que se dijera “a saber en qué andaba metido”.
Resulta paradójico que, en un país donde no menos del 90% pertenecemos a una confesión cristiana (católica o evangélica) y que casi la mitad asistimos regularmente a servicios religiosos; y que para el cristianismo, la vida en cualquier de sus manifestaciones es un valor en sí mismo y, por lo tanto, debe ser respetada y protegida, sucedan estos hechos que nos pintan ante el mundo como un país de salvajes.
En más de una ocasión, al referirse a los linchamientos de la década pasada, el Padre Thomas Fox, nuestro párroco de Santa María en Lomas del Norte, hizo referencia a la “Ley del Talión”, expresada en la frase “ojo por ojo, diente por diente”. Pero decía que dicha máxima, lejos de ser una incitación a la venganza, lo que pretendía era la moderación en un contexto histórico, la era precristiana, en donde cualquier falta era castigada con la muerte. De manera que dicha ley buscaba la proporcionalidad, no se podía cobrar con un ojo la pérdida de un diente o de una uña.
Sin embargo, los salvajes que ahora acuden a una práctica que de ninguna manera puede considerarse justicia popular, como irresponsablemente la llaman algunos reporteros de medios de comunicación, pierden todo sentido de proporcionalidad. Es posible que algunos de los linchados sean ladrones o extorsionadores, pero esos delitos, por graves y reiterativos que sean, no justificarían jamás que un tribunal los condenara a muerte. Y lo peor es que nadie puede decir que estaba seguro que el señalado era culpable.
Así como esperamos que a todo delincuente se le castigue con todo el peso de la ley, también condenamos a quienes cometen esos crueles y perversos asesinatos colectivos. Y condenamos también la negligencia e incapacidad de las autoridades, las cuales conociendo cuál es la secuencia de hechos que conduce a los linchamientos, no hacen mayor cosa por evitarlos.
Hemos visto, en muchas ocasiones, cómo las cámaras de los medios de comunicación, filman en vivo y a todo color las escenas de los linchamientos, en donde aparecen los incitadores y hechores de una forma que pueden ser plenamente identificados.
Sin embargo. ¿cuántos participantes activos en estos hechos, han sido llevados a los tribunales, juzgados y condenados por asesinato? Me parece que muy pocos o ninguno. Y es la virtual garantía de impunidad existente en Guatemala, la que alienta la acción de los delincuentes y de la criminalidad organizada, así como de los participantes en los linchamientos. Que este tiempo de Adviento y Navidad lo aprovechemos todos, gobernantes y gobernados, para reflexionar sobre el deber primario de proteger la vida y la seguridad de todas las personas.
21 December 2009
Los linchamientos son injustificables
Linchamientos
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj
elPeriódico (21 dic 09)
Las noticias de los últimos meses recogen un número significativo de linchamientos ocurridos a lo largo y ancho del país.
Cifras nacionales y de organismos internacionales señalan que el número oficial de muertes por linchamientos entre 1996 y 2001 fue entre 23 y 54 por año. Para 2008 se registraron 56 intentos de linchamiento que afectaron a 118 personas.
A pesar de la gravedad nacional, los linchamientos se han explotado con morbo, se abordan como un “problema persistente”, como una ola de violencia provocada por comunidades rurales o turbas de indígenas incivilizados que no respetan las leyes. Sin embargo, el tema de los linchamientos debe de ser abordado como un fenómeno que muestra la crisis en la cual se encuentra el Estado, especialmente el poder judicial.
Los linchamientos no deben de reducirse a problemas locales, comunitarios o robos domésticos que sirven para encubrir rencillas u odios entre familias. Los linchamientos con toda su crudeza están mostrando que áreas completas del país no creen en el sistema de justicia. Por eso, estos actos deben de provocar que los funcionarios que están al frente de la justicia, sin importar su jerarquía, trabajen y cumplan su mandato.
Los linchamientos tienen su base en la impunidad que es lo que el Estado ofrece y es en la que hemos aceptado vivir. En su primer informe, la CICIG señaló que el Organismo Judicial tiene un índice de impunidad del 93.1 por ciento. De las 10 mil 865 denuncias de crímenes recibidas en los últimos 3 años, sólo 1,167 llegaron a sentencia. Es decir, un 10.7 por ciento, mientras que el restante 89.3 por ciento de denuncias no logró una resolución. Además, de las pocas sentencias sólo el 6.9 por ciento fue condenatorio. Lo mismo ocurre en el Ministerio Público, donde el 98 por ciento de los delitos no es investigado.
Ningún programa ni campaña de formación o capacitación funcionará si instituciones como la Policía Nacional Civil no es redefinida y depurada. Hoy, en las comunidades, la PNC no infunde respeto, sino temor ante las constantes violaciones que comete en contra de hombres y mujeres. Un sistema de justicia probo no puede surgir, sino se restaura la autoridad moral de quienes lo dirigen, un nuevo sistema de justicia debe convertirse en un triunfo para el país, sólo así los individuos, las comunidades y los pueblos le encontrarán sentido a la palabra justicia.
19 December 2009
Muerte en la plaza
por Carolina Vásquez Araya
Prensa Libre (19 dic 09)
Los linchamientos en Guatemala han sido analizados con el mayor rigor científico por sociólogos, antropólogos y otros estudiosos del comportamiento social. Estos documentos han arrojado muchas luces sobre las causas y características de este fenómeno colectivo, pero como todo estudio académico, lamentablemente no han tenido incidencia alguna en la toma de decisiones ni en el cambio de rumbo de ciertas políticas con potencial efecto sobre la erradicación de esta macabra forma de asesinato.
En Guatemala, la muerte ronda por las esquinas y cualquier ciudadano es capaz de percibirla. Asaltos, violaciones, amenazas, secuestros, extorsiones y homicidios a plena luz del día acorralan a una sociedad cuyo temor crece cada día hasta alcanzar peligrosos niveles de paranoia. En este punto, los ciudadanos se premunen de armas de fuego con la ilusa esperanza de aumentar su capacidad de defensa personal pero, por el contrario, con esto sólo incrementan el riesgo y construyen un peldaño más en la escalada de la violencia.
Guatemala ha llegado a convertirse en el prototipo de país patológicamente débil, desde todo punto de vista. Su estructura social, plagada de desigualdades y carente de mecanismos de balance, representa en el siglo veintiuno todas las carencias de un estado primitivo. Con una legislación impotente para erradicar las injusticias sociales y económicas, Guatemala ha venido arrastrando siglos de frustraciones y abusos, los cuales necesitan sólo una chispa para convertirse en una fuerza devastadora.
Ciento cincuenta mil muertos durante el conflicto armado interno, más una constante represión política, constituyeron el ambiente de inseguridad y temor sobre el cual se fueron gestando sentimientos de odio racista y clasista, discriminación y, sobre todo, el debilitamiento del Estado y de sus instituciones, al punto de que ya no tienen siquiera la capacidad para gobernar y servir al país en toda su extensión.
Los linchamientos perpetrados en los últimos años coronan un cuadro ya de por sí peligroso. A ellos se suman —y no son fenómenos independientes— la debilidad de las instituciones, su ausencia en el interior del país, altos niveles de corrupción en las instancias políticas y económicas y el abandono casi total de programas de beneficio social, escenario extremadamente peligroso para la estabilidad democrática del país.
Los linchamientos son asesinatos. Simple y llanamente. No son actos de justicia ni formas de castigo. No importa el ángulo de observación, semejante acto de salvajismo sólo retrata a una sociedad disfuncional y profundamente enferma. Es hora de que reaccionen quienes tienen el poder de restaurar los valores esenciales de la sociedad.
17 December 2009
Seguimiento a caso de Panajachel
En el vespertino La Hora (17 dic 09) le han dado seguimiento al caso de linchamiento en Panajachel, Sololá:
Reordenamiento y narcomenudeo, las posibles causas de linchamiento
por Gabriel Herrera
Leer AQUÍ
También Prensa Libre (17 dic 09):
"Difieren en causas de linchamientos en Sololá"
"Desconfianza y venta de drogas causan violencia" (18 dic 09)
16 December 2009
Nota en The National Post de Canadá
Rash of public lynchings hit Guatemala
por Daniel Austin,
National Post (Wednesday, December 16, 2009)
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Linchamientos en Venezuela
Había anticipado en un comentario que mi amigo y colega, Prof. Angel Alvarez, me dijo que en Venezuela se han dado casos de linchamiento en el 2009. Esto sirve para comparar con Guatemala y los otros países de América Latina donde están ocurriendo estas manifestaciones de violencia colectiva.
Linchamiento en El Valle
El hecho ocurrió el miércoles 4 de febrero [2009] después de que presuntamente un violador de la zona intentó abusar de una menor de nueve años, de acuerdo con el relato de los vecinos.
Según testigos, el supuesto violador fue perseguido por una turba iracunda de vecinos que lo atrapó, golpeó con palos y piedras, tiroteó, quemó y luego amarró a una moto para arrastrarlo por una céntrica avenida donde el cadáver fue nuevamente prendido en fuego.
Fuente: Minuto59
Linchan con piedras y palos a presunto violador en Petare [27/Feb/2009]
Un hombre que se dedicaba a realizar mandados para sobrevivir en el barrio Agricultura de Petare fue asesinado por una turba que lo acusaba de abusar sexualmente de una menor de dos años de edad.
Manuel Vicente Baptista Bastidas, de 38 años de edad, pereció a consecuencia de politraumatismos la noche del pasado jueves. Los vecinos de la segunda calle lo atacaron con piedras, palos y objetos contundentes hasta dejarlo sin signos vitales.
Fuente: Noticias 24
Ensayo sobre linchamientos en Venezuela: AQUÍ
"Impunidad, anomia y cultura de la muerte. Los linchamientos en Venezuela," por Alexis Romero Salazar y Raima Rujano Roque en Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, Vol. XIII, No. 39 (Mayo / Agosto de 2007), pp. 139-161.
Últimos intentos de linchamiento
por Mercedes Unda Contreras
Siglo XXI (16 dic 09)
Intentan linchar a juez y secretario
Un centenar de pobladores de una aldea de San Rafael La Independencia, Huehuetenango, retuvieron a un juez de Paz, su secretario, un ingeniero y sus ayudantes, quienes se disponían a realizar una medición de terrenos como parte de un proceso civil. Los ánimos se caldearon al punto de que los funcionarios estuvieron a poco de ser linchados. La población desistió tras la intervención del alcalde y de líderes comunitarios que tras unas horas de tensión lograron convencer a los aldeanos de dejar en libertad a los aludidos.
Nota en Prensa Libre
Querían quemarla
Una mujer identificada como Alejandra Torres, de 27 años, se salvó de morir tras ser rescatada por la Policía que la protegió de los pasajeros de un autobús de la ruta 63, quienes la acusaron de ser ladrona y aprovechar la aglomeración de usuarios para robar billeteras y bolsas. El hecho ocurrió en el bulevar Liberación y 10a. calle, zona 9, reportaron los bomberos Municipales, quienes auxiliaron a la aludida, quien fue golpeada e incluso su ropa mojada con gasolina. Dos supuestos cómplices lograron escapar. La mujer fue consignada.
14 December 2009
Métodos de linchamiento: repertorio del "terrorismo colectivo"
por Carlos A. Mendoza
Me preguntó una nueva amiga por qué en Guatemala los linchamientos son, generalmente, realizados quemando a la víctima. La gasolina es el combustible de preferencia para prender fuego al supuesto delincuente. ¿Será un método aprendido durante el conflicto armado interno? Muchos piensan que sí. Citan como ejemplo algunos casos documentados por la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH):
El terror (Conclusiones del Informe - énfasis agregado)
44. La CEH comprobó que a lo largo del enfrentamiento armado el Ejército diseñó e implementó una estrategia para provocar terror en la población. Esta estrategia se convirtió en el eje de sus operaciones, tanto en las de estricto carácter militar como en las de índole psicológica y las denominadas de desarrollo.
45. Las organizaciones guerrilleras cometieron hechos violentos de extrema crueldad que aterrorizaron a la población y dejaron secuelas importantes en la misma. Fueron las ejecuciones arbitrarias, sobre todo las cometidas frente a familiares y vecinos, las que agudizaron el clima de miedo, arbitrariedad e indefensión ya generalizado en la población. [Ver casos detallados sobre ajusticiamientos en los que se obligaba a participar a la población, en "Atentados al derecho a la vida: las ejecuciones arbitrarias"]
46. El terror de Estado se intensificó en Guatemala a partir de 1966, cuando inició un proceso cuyas etapas más agudas correspondieron a los periodos de máxima violencia y cuyos epicentros se ubicaron en los escenarios donde la represión fue más intensa. Una gran parte de las violaciones de los derechos humanos conocidas por la CEH, cometidas por el Ejército u otros cuerpos de seguridad, fueron perpetradas con ensañamiento y en forma pública, especialmente en las comunidades mayas del interior del país. Asimismo, al tomar en cuenta los métodos de entrenamiento de las fuerzas del Ejército —y en especial de los Kaibiles— la CEH ha determinado que la crueldad extrema fue un recurso utilizado con intención para generar y mantener un clima de terror en la población.
Sin embargo, los métodos de terror no han sido exclusivos de las fuerzas que combatieron en Guatemala en el siglo XX. Hay varios casos famosos de castigos públicos, generalmente arbitrarios, realizados por medio de la hoguera. Uno de los más famosos es el de Juana de Arco en 1431.
Juana de Arco fue quemada en una hoguera arreglada de tal manera que su muerte fuera más lenta y dolorosa. Fue acusada de herejía y de ser bruja adoradora del demonio.
En Guatemala, uno de los antecedentes históricos de la hoguera es la decisión del conquistador Pedro de Alvarado de quemar a los Señores K'iche's de Q'umarkaj en 1524. Luego, seguramente, llegó a formar parte del imaginario social el repertorio de castigos aplicados por la Inquisición. 
Algo similar a la Inquisición Católica ocurrió en los Estados Unidos con los puritanos, a finales del siglo XVII, y los famosos juicios contra mujeres acusadas de brujería en Salem. Sin embargo, la mayoría de ellas fueron colgadas.
De hecho, el ahorcamiento era el método de predilección para los linchamientos en el Sur de los Estados Unidos, donde las turbas también acostumbraban tomarse fotografías con sus víctimas.
Otro método utilizado en Guatemala ha consistido en apedrear a las víctimas, como en el tristemente célebre caso del juez en Alta Verapaz. Sobre el apedreamiento, también hay numerosos ejemplos históricos, como los casos que aparecen en la Biblia:
“Si surge en medio de ustedes un profeta o un intérprete de sueños, […] deberá ser castigado con la muerte, por haber incitado a la rebelión contra el Señor, tu Dios […] Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte del Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. Todo Israel, cuando se entere, sentirá temor, y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes.” Deuteronomio, Capítulo 13, 2-12.
Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» Juan, Capítulo 8, 3-7.
Como explican Walton et al. al comentar el libro de Josué Cap. 7, 25 [“Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbate Jehová en este día. Y todos los Israelitas los apedrearon, y los quemaron á fuego, después de apedrearlos con piedras;”]:
“El apedreamiento como ejecución. Apedrear era una forma comunitaria de ejecución y la que más se menciona en la Biblia. Se usaba para castigar crímenes contra la comunidad que constituían violaciones al pacto (apostasía, Lev. 20:2; hechicería. Lev. 20:27) y requería de la participación de todas las personas ofendidas. Ya que no podía determinarse cuál de las piedras individuales causaba la muerte del condenado, nadie cargaba con la culpa de aquella muerte. Los textos mesopotámicos no mencionan el apedreamiento pero emplean el ahogamiento, el empalamiento, la decapitación y la hoguera como formas de ejecución.” (Walton, John H., Victor Harold Matthews y Mark W. Chavalas. 2004. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Antiguo Testamento. El Paso, Tex: Editorial Mundo Hispano.)
[Levíticos 20, 2: “Dirás asimismo á los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan en Israel, que diere de su simiente á Moloch, de seguro morirá: el pueblo de la tierra lo apedreará con piedras.”
Levíticos 20, 27: “Y el hombre ó la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico ó de adivinación, han de ser muertos: los apedrearán con piedras; su sangre sobre ellos.”]
Churrasco
por María Olga Paiz
elPeriódico (14 dic 09)
Cada cierto tiempo, nos da por quemar gente viva.
No es una perversión original ni mucho menos. La Iglesia medieval, el Ku Klux Klan en el sur de Estados Unidos y los nazis en Europa compartieron nuestra afición por esta particular forma de suplicio.
En la ciudad fingimos horror intelectual, seco y cumplido, cuando en realidad no nos eriza ni un pelo la descripción de turbas rociando gasolina y haciendo churrasco de carne humana. Más bien se apodera de nosotros una oscura excitación con las noticias de un nuevo linchamiento. Lo que se instala en el ambiente tras la agitación es el alivio del ritual cumplido, que actúa en las conciencias como si fuese un sedativo.
Al día siguiente, como quien despierta de una pesadilla recurrente, tenemos prisa por despejarnos la sensación viscosa de las lagañas y la zozobra.
Buscamos un par de explicaciones satisfactorias y atenuantes de esa resaca moral, que si el cansancio de una población impotente ante los criminales, que si la falta de presencia del Estado en la zona y a nuestros quehaceres.
Los agitadores, sin reconocerse responsables, harán lo mismo, volverán a sus rutinas vendiendo verduras o conduciendo un mototaxi. Las autoridades no harán jamás por aprender y procesar a quienes participan de estas orgías colectivas. Es como si, a escondidas de la conciencia, todos estuviéramos de acuerdo en dejar que la tensión insoportable (si tan solo supiéramos de qué) se disipara por medio de prender a un hombre como si a un fósforo. Mejor si este es delincuente. Y de comentarlo luego, como se comenta un partido de fútbol o el resultado de la elección a Miss Mundo.
La excitación no se ha ido de la sangre, tan sólo se ha adormecido, hasta una próxima.
¿Qué Dios sangriento vive dentro nuestro que exige fuego y sacrificio humano?
12 December 2009
En 15 días, nueve personas linchadas
Por Sylvia Gereda Valenzuela
elPeriódico (12 dic 09)
Guatemala, país de la agresión y la violencia. El paraíso sin ley donde sólo el 2 por ciento de los casos llega a sentencia. Donde cada quien hace lo que le viene en gana y aplica la justicia como mejor le parece. Esta es la historia de Guatemala que arrancó en la década de los años cincuenta, se arreció durante el conflicto armado de los años ochenta y en pleno siglo XXI sigue siendo un acostumbrado y un lamentable modo de vida.
Guatemala, el país donde los delincuentes, secuestradores y ladrones son linchados porque la justicia no se aplica, no existe. El país donde nos hemos acostumbrado a ver en los medios denigrantes escenas de cuerpos quemados y destrozados por turbas enfurecidas.
El país donde cualquiera puede salir vapuleado, quemado o muerto a pedrada limpia por el simple hecho de haber robado una gallina o de haber sido confundido con algún maleante.
Las poblaciones indígenas, particularmente las del occidente del país, se han exacerbado, una vez más, y están tomando la justicia por sus manos. Según la agencia de noticias EFE, en la Corte Suprema de Justicia, en lo que va de este año, se han registrado 110 casos de linchamientos, en los que han muerto 42 supuestos delincuentes y 211 han resultado con heridas de gravedad.
La mayoría de estos hechos ha ocurrido en poblaciones indígenas del oeste y noroeste del país, en donde la presencia de las fuerzas de seguridad y del sistema de justicia es débil.
Hace 2 días, un hombre de 35 años fue atacado por una turba de vecinos en Huehuetenango, acusado de haber secuestrado a un vecino quien logró escapar del lugar donde lo mantenían plagiado y pidió ayuda a los lugareños.
El pasado domingo, en Panajachel, a orillas del lago de Atitlán, una turba se conglomeró para linchar y quemar a un hombre acusado de robar a una vecina del lugar. La Policía consiguió rescatar allí a tres mujeres que los enardecidos vecinos pretendían linchar, acusadas de haber participado en el asalto.
Mientras tanto, las autoridades parecen dar palos de ciegos y huyen impotentes ante las poblaciones desenfrenadas en ira, frustración, agresión y pobreza que no temen en incendiar sus comisarías o prender fuego a sus patrullas.
Estas son las consecuencias de varios regímenes que han olvidado defender y hacer valer los derechos de los más pobres y donde, con mucho pesar, se ha optado porque cada ciudadano aplique la justicia con sus manos.
En estos momentos, urge rediseñar el país. Es imprescindible crear una política que camine hacia la paz y el entendimiento.
Cuando la Misión de Verificación de las Naciones Unidas para Guatemala (Minugua) trabajó en Guatemala, dejó un documento que varios lustros después no ha sido entendido ni asimilado, pero que contiene un extracto de las conclusiones que los expertos encontraron como las principales causas de los linchamientos en Guatemala. Entre ellas se encuentran: la falta de educación y el desconocimiento de las leyes, que dan lugar a que se produzcan fricciones entre las comunidades; falta de información sobre la existencia de juzgados y tribunales en la región; falta de conocimiento del sistema de justicia y desconocimiento de las leyes.
También que la influencia de diversas ideologías afecta la convivencia pacífica; la manipulación de los líderes locales impide que la población solucione sus problemas; el conflicto armado afectó a la población y dejó mucho rencor.
La incertidumbre y el malestar existentes en la población por la inseguridad, la desigualdad social, provoca linchamientos; las principales causas de linchamientos son el robo, los atracos, las violaciones y los asesinatos y la falta de credibilidad en las instituciones encargadas de la justicia. Estas conclusiones emanaron de ocho talleres realizados en diversas comunidades del interior del país como parte del programa, con participación de más de mil líderes comunales y alcaldes auxiliares entre 1999 y 2000.
11 December 2009
La eterna debilidad de la justicia y su implicación en los linchamientos
por Andrea Orozco
Reportaje de La Hora (11 dic 09)
A pesar de la poca confianza que se le tiene a la PNC, y siendo este un factor determinante para que una población decida vapulear a una persona, la institución policial trabaja en conjunto con otros organismos para la prevención de este delito.
El fenómeno de los linchamientos siempre ha provocado división en la sociedad guatemalteca; por un lado se discute la falta de justicia en nuestro país, por otra parte se viola el derecho universal a la vida.
En las últimas dos semanas se han registrado cinco linchamientos, con saldo de nueve víctimas. Estos casos suceden mayormente en las zonas rurales del país, especialmente en aquellas en donde no existe efectividad en las fuerzas policiales.
Según las estadísticas que maneja la Corte Suprema de Justicia, hasta la fecha se han reportado 110 casos de linchamiento que han dejado como saldo a 42 supuestos delincuentes muertos y a otras 211 personas con heridas de gravedad.
Para las personas que cometen estas acciones, el hecho es justificable debido a la poca efectividad de la Policía Nacional Civil (PNC), así como la falta de justicia en Guatemala. Sin embargo, según indica el agente Néstor Ismael Diéguez, de la División de Prevención del Delito de la PNC, los pobladores deben saber que ellos no pueden ni deben cometer este tipo de acciones, pues este hecho conlleva a un posible castigo al momento descubrirse quiénes son las personas que motivan al resto de la población a vapulear a un sospechoso.
"Privar de la vida a otra persona conlleva a una condena, donde el Estado y todo el sistema de justicia se activan en contra de quien asesinó", asegura el policía.
PROGRAMAS DE PREVENCIÓN
Los programas que se trabajan, y con los que se pretende hacer una reducción de este hecho, son un trabajo en conjunto de la PNC con el Organismo Judicial y el Ministerio Público.
Según indicó el agente, luego de que los elementos prestan el servicio policial en el lugar donde se comete este tipo de acciones, se empieza a trabajar con ellos para la prevención de un hecho similar. A decir de Diéguez, de esta manera es como se ha estado trabajando a partir de los años 96 y 97, desde la creación de la institución policial.
Lo que se busca con este tipo de programas, además de evitar que se cometa otro crimen, es que la población pueda explicar lo que realmente sucede en el lugar y que señalen quiénes son las personas que inciden en ello. Para lograr este objetivo se trabaja con una comunidad y los líderes de ella, esto también persigue crear redes que permitan a la Policía accionar de manera inmediata al momento de presentarse un posible linchamiento.
"A veces pueden haber otros factores para que se pueda dar un acto de estos, pues hay personas que también se infiltran para buscar un beneficio y son quienes incitan a la población a cometer una acción de esas", comenta el agente.
EDUCACIÓN
A través de los programas, los policías pretenden tener un acercamiento con la población para que ellos, a su vez, puedan renovar la confianza hacia la institución y dejar de tomar la justicia por sus propias manos.
Estos programas se han trabajado en Huehuetenango, Totonicapán, Quiché, San Marcos y Sololá, departamentos en los cuales se han realizado linchamientos últimamente. "A veces las cuestiones necesitan ir más allá, por eso, con lo que tenemos y con la gente con la que se está trabajando se va llegando a los lugares, de acuerdo a las necesidades o a la problemática que se pueda presentar", dijo el agente.
Para el próximo año se tiene previsto reactivar el trabajo comunitario en donde se les informa a los vecinos de una localidad sobre temas de prevención, seguridad ciudadana, la importancia de participar dentro de una comunidad y cómo se debe ejercer ese derecho. Esto será realizado en el occidente del país.
PREPARACIÓN DE LOS AGENTES
Sin duda, para presenciar este tipo de hechos se debe tener una preparación, no sólo física sino moral y psicológica.
Respecto a esto, Diéguez indica que el personal policial ha sido capacitado en diferentes áreas durante su estadía en la Academia. Esto, dice el agente, se hace evidente en el hecho de que "en ningún momento el personal ha entregado a una persona, sino que se ha resguardado en la medida de lo posible y hasta llegar a las últimas consecuencias, esto a pesar de enfrentarse a un gran número de personas contando con poco personal", asegura.
El llamado que Diéguez hace a la población es que antes de cometer un acto de estos piensen en sus familiares, pues "hoy pueden cometer un crimen que mañana puede perjudicar a un familiar", esto pensando en que antes de vapulear a una persona no se comprueba la participación de esta en el hecho. Además de que los linchamientos afectan el turismo nacional y extranjero.
El agente también solicita la confianza de la población hacia la institución y proporciona los números 1510 y 110 para cualquier denuncia.
"Privar de la vida a otra persona conlleva a una condena, donde el Estado y todo el sistema de justicia se activan en contra de quien asesinó." Oficial Néstor Ismael Diéguez, División de Prevención del Delito de la PNC
Los últimos dos casos de linchamiento fueron registrados de la siguiente manera:
En la aldea de Santiago Chimaltenango, del departamento de Huehuetenango, una turba de vecinos atacó a Francisco Díaz Jiménez, de 35 años de edad. Esta persona fue acusada, junto a dos hombres más, como el secuestrador de Justo Pablo Anselmo de 57 años.
Otro caso se registró el domingo recién pasado, cuando vecinos de Panajachel, Sololá, lincharon a un hombre al que se le acusaba de robar a una mujer de la localidad. La Policía Nacional Civil pudo rescatar a tres mujeres que también eran acusadas de este asalto.Según la definición, un linchamiento es una ejecución, sin proceso, por parte de una multitud sobre un reo o sospechoso de cometer un crimen.
El origen de este proviene del estadounidense Charles Lynch, juez del estado de Virginia, quien en 1780 ordenó la ejecución de una banda de conservadores sin dar lugar a juicio.
Más sobre las cifras: informe de la PDH
Por Carlos A. Mendoza
Ayer, en mi post sobre los problemas con las cifras, se me pasó por alto incluir el importante informe del Procurador de los Derechos Humanos (PDH) de Guatemala que, supongo, se publicó en 2009. Ver también post que escribí sobre sus mapas.
La PDH indica en su informe Agresiones a la vida 2003 - 2008 que "Los datos estadísticos que se presentan en este informe fueron procesados en la Dirección de Estudio, Análisis e Investigación de la Procuraduría de los Derechos Humanos, sobre la base de datos de 'Homicidios' y 'Lesiones' generada por la Policía Nacional Civil."
Así que la tabla sobre muertes por linchamientos se completaría de la siguiente forma:
Fuente (4): Dirección de Estudio, Análisis e Investigación, PDH, con datos de la PNC, p. 5
Uno pensaría que con más datos, mejor información... Pero en este caso surgen más dudas:
1. Ahora las cifras de 2004-05 aparecen más confusas. La del 2005 parece un promedio de las presentadas por GAM y OJ. Mientras que la del 2004 es aún más baja.
2. Ahora tenemos la del 2003, según PDH (con datos de PNC que no he podido verificar), pero no coincide con la reportada por MINUGUA, que era de 15 muertos ese año. Ya mencioné que la misma MINUGUA pone en duda sus datos 2002-03.
3. A pesar que la PDH cita como fuente a la PNC, la cifra del 2006 no coincide, por diferencia de uno. A lo mejor les dieron los datos incompletos, antes del cierre de año.
4. Lo que me genera duda sobre los datos de PDH es que en su informe con mapas (ubicación geográfica a nivel municipal), afirman que se hizo "sobre la base de datos interna del archivo hemerográfico" y no usando los de la PNC. Entonces, serían dos fuentes con metodologías (y sesgos) muy distintas.
Mi punto es que, con estas discrepancias sobre los muertos, es aún más difícil llegar a un consenso sobre las cifras de casos de "formación de turbas" o "intentos de linchamiento", y sobre el número de víctimas "no fatales", lesionados e ilesos. Ver diferenciación de MINUGUA hecha explícita en mis tablas 1996-2002.
La PDH sí presenta número de lesionados, para el período 2004-08 (la columna Total = víctimas "no fatales" + víctimas "fatales"):
Fuente: Dirección de Estudio, Análisis e Investigación, PDH, con datos de la PNC, pp. 3 y 5
Más de cien linchamientos
por Carol Zardetto
elPeriódico (11 dic 09)
Estamos casi al final del año y al hacer recuento de su legado, no debemos olvidar el terrible dato: más de cien linchamientos fueron orquestados en diversos lugares del país.
Las especulaciones sobre las razones de este fenómeno son abundantes: algunos lo atribuyen a la implementación de la justicia maya, otros a una oscura orquestación de los poderes paralelos interesados en desestabilizar el país. La mayoría parece estar de acuerdo en que refleja el hartazgo de la población ante la inseguridad.
La cuestión es confusa y quizá difícil de dilucidar del todo, pero hay ciertos temas estrechamente vinculados que debemos considerar, pues los linchamientos son solamente una de las formas que toma un fenómeno más grande. Cada vez con mayor frecuencia y con incidencias más graves, los ciudadanos ocupan el vacío que está dejando el Estado con su inercia e ineficacia. Con el objetivo de patrullar las calles y combatir la criminalidad, los pobladores de diversos lugares se organizan para formar grupos armados. Juntas Locales de Seguridad Ciudadana han dado en llamarse en algunos sitios. Estos grupos son conocidos por cometer una serie de abusos amparados en la labor que realizan. Muchos se dedican impunemente a la limpieza social o simplemente a ejecutar ‘vendettas’ personales. De hecho, hay sindicaciones de que son estas juntas las que en muchos casos organizan los linchamientos. En San Juan Cotzal, por ejemplo, los miembros de una de estas agrupaciones lincharon a dos miembros de la PNC.
A raíz de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, se redujo el Ejército en número de efectivos, pero también en términos de poder e influencia. Tenía sentido si la concentración de poder se hubiera trasladado a instituciones civiles, sin embargo no sucedió. Por el contrario, la PNC está cada vez más debilitada debido a la amplia corrupción que la embarga y el sistema de justicia no responde. Así, el Estado ha perdido el poder de coerción para mantener el país en orden y, para colmo de males, le ha trasladado a la población esa responsabilidad. Si la situación se sigue saliendo de control, estamos cerca de ver a ejércitos “informales” tomar el lugar que debería ocupar el Estado.
El vacío de poder es peligroso y debe atenderse sin demora. Es por ello que, desmantelar la organización criminal dentro de la PNC, resolver la corrupción en el sistema penitenciario y hacer del sistema de justicia un mecanismo eficaz son tareas que no admiten demora. Si el Gobierno continúa en estado de inercia e imperturbabilidad, nos corresponde a los ciudadanos empujarlo. No veamos el espectáculo macabro de las turbas linchando delincuentes con complacencia. El caos que anuncian estos acontecimientos pude arrastrarnos a todos.