Por Carlos A. Mendoza (*)
Ayer por la tarde me entrevistó, vía electrónica, Louisa Reynolds, redactora de elPeriódico. Supongo que mi respuesta no llegó a tiempo para la publicación de hoy, así que comparto por este medio el esfuerzo.
Reynolds: Actualmente estoy escribiendo un artículo sobre los linchamientos que han ocurrido durante las últimas dos semanas en Sololá y le agradecería mucho si pudiera darme algunos comentarios sobre los siguientes puntos:
Mendoza: Sobre estos últimos casos he escrito algo el día de hoy [07 dic 09] en mi BLOG, pero más en reacción a las declaraciones del Ministro de Gobernación: http://linchamientos.blogspot.com/
Me parece oportuno responder a sus preguntas específicas:
Reynolds:
1) Algunos analistas afirman que con los linchamientos ocurre un fenómeno sociológico de imitación, desatándose un efecto de "ola" o "cascada". ¿Qué opina usted al respecto?
Mendoza:
1. Lo de la imitación es bastante probable que ocurra en algún grado, pero dos casos no son suficientes para afirmar con certeza que se trata de una difusión de la violencia colectiva. El término correcto sería difusión, por imitación. La difusión se observa cuando el comportamiento se replica en una zona geográfica determinada, y además se comporta como "ola" porque al principio hay pocos casos y luego crece rápidamente dicho número hasta estabilizarse. Si se grafica es una especie de "S". Es un fenómeno temporal. Puede haber difusión de ideas, políticas, etc. Este análisis es similar al epidemeológico. Por ello, se habla también de epidemeología de la violencia.
Lo que yo he estudiado en el caso de Guatemala es que la difusión es condicionada por varios factores: distancia en el tiempo y el espacio, e intensidad de los episodios que precedieron. En el caso de Sololá y Panajachel están claras la cercanía espacial y temporal de los dos eventos, y la relevancia de lo ocurrido previamente en Sololá, por ello rápidamente se piensa en un efecto de difusión. Pero para que esto sea así habría que esperar a ver si ocurren otros casos en lugares cercanos dentro de las próximas semanas.
Puede leer mi ensayo en inglés al respecto (p. 13, antes de las conclusiones):
http://www.nd.edu/~cmendoz1/collectiveviolencelasa2006.pdf
"According to preliminary survival analysis done with data corresponding to one year (1996), diffusion is also important in explaining the pattern of lynching: contagious effects from previous lynch mobs are mitigated by geographic distance, and depend on lynching severity." [Nota a pie de página: This is the case of the variable of spatial heterogeneity, and the variables of severity with distance decay. The variables of temporal heterogeneity are not significant at all].
En el ensayo publicado en castellano por FLACSO-Guatemala (2007, p. 22 ) lo resumí así:
"Finalmente, es fundamental explorar cómo, y qué tanto, la severidad de los linchamientos (por ejemplo, el número de víctimas fatales en un mismo episodio de violencia colectiva), la distancia en el tiempo, su efectividad en el control de la delincuencia, y la distancia geográfica entre el lugar donde ocurren y otros lugares con potencial a imitar dicha conducta, podrían afectar el riesgo de que el fenómeno se repita en estos últimos lugares en el futuro. Podría utilizarse algunos modelos de difusión aplicados en los Estados Unidos para entender el contagio de las revueltas callejeras ocurridas en los años sesentas. Ello brindará evidencia empírica sobre la relación que hay entre linchamientos ocurridos en diversos lugares y momentos. La hipótesis a evaluar es que los linchamientos no son eventos independientes, y que las aldeas o poblados donde han ocurrido no sólo tienen una diferente propensión intrínseca hacia la violencia colectiva sino que también tienen diversos niveles de respuesta y resistencia a la difusión de eventos previos. Sobre estas causas de la difusión de los linchamientos, se ha acusado repetidamente a los medios de comunicación, pero valdría la pena explorar la hipótesis de la efectividad de los linchamientos como medida extraordinaria para detener el crimen y la delincuencia en las comunidades. Entre la población de los lugares donde ha habido linchamientos, parece existir cierta percepción sobre los resultados positivos del castigo violento y público para disuadir a potenciales criminales. Esta percepción podría estimular a otras comunidades a seguir el ejemplo. Habría que evaluar si dicha percepción corresponde con la realidad."
Reynolds:
2) Se ha señalado que los linchamientos son sintomáticos de la ausencia del Estado.
Mendoza:
2. Sí. Mi principal hipótesis de trabajo ha sido esa y los datos parecen confirmar que a menor presencia (o mayor ausencia) del Estado, hay más probabilidad de que ocurra un linchamiento. Si recuerda mi ensayo (ver pp. 11 y 14):
http://www.nd.edu/~cmendoz1/libroverelectronica.pdf
Yo operacionalizo la variable "presencia del Estado" utilizando datos del Organismo Judicial en el territorio guatemalteco, medida como el número de juzgados por cada cien mil habitantes en cada municipio, en el año 2003. No utilicé los datos de PNC porque nunca me los dieron, ni los del Ejército porque me los negaron. Pero tiene sentido usar juzgados porque, como digo en mi POST de hoy [07 dic 09], "Lo que ocurre en el caso de los ataques violentos contra las fuerzas de seguridad del Estado, es que son el primer eslabón en la cadena de la justicia, y los que están en contacto directo con la población, que además los percibe como fácilmente corruptibles. De tal forma que su presencia física (agentes, radiopatrullas, estaciones) no resuelve el problema de la ausencia del Estado. Están allí, pero no hay justicia ni seguridad."
Reynolds:
3) Algunos analistas señalan que los últimos casos de linchamiento en Sololá podrían responder a una campaña de desestabilización por parte del crimen organizado ya que este departamento es el que tiene los índices de asesinato más bajos de todo el país, por lo cual es difícil explicar el fenómeno como la reacción de una población cansada de tanta delincuencia. ¿Qué opina al respecto?
Mendoza:
3. Esa hipótesis sobre el crimen organizado me parece que no tiene fundamento. Va más en la línea de la excusa que da el Ministro de Gobernación y que critico en mi POST.
(*) Soy Analista Político y Socio-Fundador de Central American Business Intelligence (CABI).
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Nota. El artículo publicado por Reynolds y Castillo ha sido incluido en este BLOG, más abajo: Más de un centenar de casos de linchamiento se registran este año. Comentaré sobre el mismo más arriba.
Registro y análisis de episodios sobre esta forma de violencia colectiva, desde una perspectiva comparada.
08 December 2009
Todos los fuegos
por Luis Aceituno
elPeriódico (08 dic 09)
Mientras escribo esto, miles de diablos y diablitos arden por las calles de la ciudad. Curioso ¿al diablo se le quema o se le echa agua? Es decir, el fuego es el hábitat natural del diablo. Vive en el infierno y ahí las llamas nos devoran por los siglos y los siglos. A todos, menos al diablo, por lo tanto prenderle fuego a este es como darle oxígeno o algo así.
No soy demasiado letrado en eso de las tradiciones populares, así que no sé por qué quemamos al diablo y no, más bien, le echamos agua. Me imagino que hay en ello algo de esa fascinación que los guatemaltecos sentimos por el fuego. El domingo, sin ir muy lejos, en Panajachel querían quemar a tres mujeres por robar güipiles en el mercado. En la trifulca, cuatro agentes de la PNC resultaron heridos, varios niños intoxicados, algunos transeúntes apedreados, los turistas espantados y ellas se salvaron por un pelo de acabar en la hoguera, como las brujas medievales.
“Te vas a quemar”, me advertía mi abuela, cuando me daba por jugar con fuego. Tenía razón, en este país jugamos demasiado con fuego, alguna mente sensata nos advierte, de vez en cuando, que nos vamos a quemar, pero difícilmente damos marcha atrás. Quemamos de todo, diablos, personas, cuetes, basura, caña, buses, patrullas, libros, campos, naves, delincuentes, cerebros, aldeas, almas, proyectos, vidas, incienso, ocote, poblaciones enteras.
El fuego nos purifica y nos condena. Las llamas nos limpian y nos devoran. Cada cierto tiempo estalla un volcán, una guerra, un tambo de gas, una bomba que rompe el silencio de la madrugada. Nosotros andamos por ahí prendiendo y apagando incendios, hogueras, ese fuego que ya no nos cabe en el cuerpo, en el alma, en la habitación, en el país, en ninguna parte.
elPeriódico (08 dic 09)
Mientras escribo esto, miles de diablos y diablitos arden por las calles de la ciudad. Curioso ¿al diablo se le quema o se le echa agua? Es decir, el fuego es el hábitat natural del diablo. Vive en el infierno y ahí las llamas nos devoran por los siglos y los siglos. A todos, menos al diablo, por lo tanto prenderle fuego a este es como darle oxígeno o algo así.
No soy demasiado letrado en eso de las tradiciones populares, así que no sé por qué quemamos al diablo y no, más bien, le echamos agua. Me imagino que hay en ello algo de esa fascinación que los guatemaltecos sentimos por el fuego. El domingo, sin ir muy lejos, en Panajachel querían quemar a tres mujeres por robar güipiles en el mercado. En la trifulca, cuatro agentes de la PNC resultaron heridos, varios niños intoxicados, algunos transeúntes apedreados, los turistas espantados y ellas se salvaron por un pelo de acabar en la hoguera, como las brujas medievales.
“Te vas a quemar”, me advertía mi abuela, cuando me daba por jugar con fuego. Tenía razón, en este país jugamos demasiado con fuego, alguna mente sensata nos advierte, de vez en cuando, que nos vamos a quemar, pero difícilmente damos marcha atrás. Quemamos de todo, diablos, personas, cuetes, basura, caña, buses, patrullas, libros, campos, naves, delincuentes, cerebros, aldeas, almas, proyectos, vidas, incienso, ocote, poblaciones enteras.
El fuego nos purifica y nos condena. Las llamas nos limpian y nos devoran. Cada cierto tiempo estalla un volcán, una guerra, un tambo de gas, una bomba que rompe el silencio de la madrugada. Nosotros andamos por ahí prendiendo y apagando incendios, hogueras, ese fuego que ya no nos cabe en el cuerpo, en el alma, en la habitación, en el país, en ninguna parte.
País de Linchados
por Alfred Kaltschmitt
Prensa Libre (08 dic 09)
Salen retratados en Nuestro Diario en todo el país y en los noticieros locales de la provincia los cuerpos calcinados de los supuestos delincuentes. Cuerpos carbonizados aún humeantes muriendo, la agonía de la muerte más espantosa y cruel que se pueda uno imaginar. La turba parada, detenida en el tiempo, observando como el humo de carne humana quemada todavía se cuela entre la muchedumbre ofreciendo el olor de sacrificio vivo a sus verdugos.
Se transmite una vez más el mensaje a nivel nacional para que todos lo podamos ver: “la justicia y la Policía no sirven para un carajo. Estamos cansados de ser asediados por los delincuentes. De sus asaltos, sus robos, sus asesinatos, sus secuestros y sus extorsiones. Tomaremos la justicia por mano propia. Justicia pronta y cumplida. ¡Punto! ¡Y todos ustedes son una partida de ineptos, lárguense de nuestros pueblos !” (sic).
En Sololá, hace algunas semanas, se dio de nuevo el fenómeno. A los pocos días el ejemplo pronto fue emulado en Santa Bárbara, Huhuetenango. El domingo le tocó a Panajachel. Lincharon a un presunto delincuente y quemaron cuatro autopatrullas. En este caso, la PNC recibió refuerzos y enfrentó a la turba lanzando bombas lacrimógenas. Logró salvarles la vida a las tres mujeres que acompañaban al hombre que murió vapuleado. En Sololá, llegaron al colmo de “entregarles” a la turba a los supuestos delincuentes.
En el incidente de Sololá no solo quemaron a los tres delincuentes, también le prendieron fuego a las autopatrullas de la Comisaría, la sede de la PNC y el edificio del Ministerio de Gobernación.
Más allá del significado obvio de estos incidentes, en cuanto a que el crimen paga y el sistema de justicia no funciona en nuestro país, el subtexto es que el pueblo no tiene más remedio que capturar a los delincuentes y hacer justicia por cuenta propia. Y de paso atacan a las sedes de los encargados de la seguridad, para decirles que son unos ineptos, corruptos que no sirven nada, sino para joder y ser corruptos. Ese es el mensaje.
¿Lo estamos escuchando? Yo creo que no. Es un mensaje que data de hace años, pero no le prestamos la debida atención ni la debida importancia. El resultado está a la vista.
Se han dado este año linchamientos en Patizicía, Santa Polonia, San Sebastián Huehuetenango, Nentón, San Pedro Soloma, San Juan Ixcoy, Zaculeu Capilla, San Gaspar Ixchil, Huehuetenango, San Pedro Necta, Santa Cruz Barillas, Malacatancito, La Democracia, Cancabal, San Isidro, Santa Barbara, Huehuetenango, Sololá y ahora en Panajachel.
Cifras de Copredeh del año pasado señalan que fueron 12 los linchados, y que en este año van 15. Sin embargo, las estadísticas del Grupo de Apoyo Mutuo dan cuenta de que de entre enero a septiembre últimos se registraron 110 casos de intento de linchamiento, de los cuales 28 fueron consumados. ¿A quién le creemos? A ambos, y sumemos los dos, digo yo. ¿Que son las cifras en este país? Números sin ninguna trascendencia.
Antes de linchar a los delincuentes en Santa Bárbara el 3 de diciembre, la turba estaba enardecida porque la víctima había sido decapitada y su cabeza no aparecía por ningún lado. Llamaron al gobernador de Huehuetenango, pero dijo que no podía hacer nada ese día “porque tenía que acompañar a la Primera Dama en Aguacatán” (¿?). Un comentario que solo comprueba lo que los pobladores exclaman: “las autoridades no sirven para nada”.
Esto ya no lo para nadie. En nuestro país el sistema de justicia no es prioridad. La prioridad en recursos va hacia los programas de Cohesión Social. Tal vez la PNC podría hacer algo con destacar una fuerza de desplazamiento rápido por vía aérea. Pero el número es insignificante ante una turba de dos mil personas.
Ergo: A falta de justicia, los linchamientos estarán a la orden del día. Acostumbrémonos.
Prensa Libre (08 dic 09)
Salen retratados en Nuestro Diario en todo el país y en los noticieros locales de la provincia los cuerpos calcinados de los supuestos delincuentes. Cuerpos carbonizados aún humeantes muriendo, la agonía de la muerte más espantosa y cruel que se pueda uno imaginar. La turba parada, detenida en el tiempo, observando como el humo de carne humana quemada todavía se cuela entre la muchedumbre ofreciendo el olor de sacrificio vivo a sus verdugos.
Se transmite una vez más el mensaje a nivel nacional para que todos lo podamos ver: “la justicia y la Policía no sirven para un carajo. Estamos cansados de ser asediados por los delincuentes. De sus asaltos, sus robos, sus asesinatos, sus secuestros y sus extorsiones. Tomaremos la justicia por mano propia. Justicia pronta y cumplida. ¡Punto! ¡Y todos ustedes son una partida de ineptos, lárguense de nuestros pueblos !” (sic).
En Sololá, hace algunas semanas, se dio de nuevo el fenómeno. A los pocos días el ejemplo pronto fue emulado en Santa Bárbara, Huhuetenango. El domingo le tocó a Panajachel. Lincharon a un presunto delincuente y quemaron cuatro autopatrullas. En este caso, la PNC recibió refuerzos y enfrentó a la turba lanzando bombas lacrimógenas. Logró salvarles la vida a las tres mujeres que acompañaban al hombre que murió vapuleado. En Sololá, llegaron al colmo de “entregarles” a la turba a los supuestos delincuentes.
En el incidente de Sololá no solo quemaron a los tres delincuentes, también le prendieron fuego a las autopatrullas de la Comisaría, la sede de la PNC y el edificio del Ministerio de Gobernación.
Más allá del significado obvio de estos incidentes, en cuanto a que el crimen paga y el sistema de justicia no funciona en nuestro país, el subtexto es que el pueblo no tiene más remedio que capturar a los delincuentes y hacer justicia por cuenta propia. Y de paso atacan a las sedes de los encargados de la seguridad, para decirles que son unos ineptos, corruptos que no sirven nada, sino para joder y ser corruptos. Ese es el mensaje.
¿Lo estamos escuchando? Yo creo que no. Es un mensaje que data de hace años, pero no le prestamos la debida atención ni la debida importancia. El resultado está a la vista.
Se han dado este año linchamientos en Patizicía, Santa Polonia, San Sebastián Huehuetenango, Nentón, San Pedro Soloma, San Juan Ixcoy, Zaculeu Capilla, San Gaspar Ixchil, Huehuetenango, San Pedro Necta, Santa Cruz Barillas, Malacatancito, La Democracia, Cancabal, San Isidro, Santa Barbara, Huehuetenango, Sololá y ahora en Panajachel.
Cifras de Copredeh del año pasado señalan que fueron 12 los linchados, y que en este año van 15. Sin embargo, las estadísticas del Grupo de Apoyo Mutuo dan cuenta de que de entre enero a septiembre últimos se registraron 110 casos de intento de linchamiento, de los cuales 28 fueron consumados. ¿A quién le creemos? A ambos, y sumemos los dos, digo yo. ¿Que son las cifras en este país? Números sin ninguna trascendencia.
Antes de linchar a los delincuentes en Santa Bárbara el 3 de diciembre, la turba estaba enardecida porque la víctima había sido decapitada y su cabeza no aparecía por ningún lado. Llamaron al gobernador de Huehuetenango, pero dijo que no podía hacer nada ese día “porque tenía que acompañar a la Primera Dama en Aguacatán” (¿?). Un comentario que solo comprueba lo que los pobladores exclaman: “las autoridades no sirven para nada”.
Esto ya no lo para nadie. En nuestro país el sistema de justicia no es prioridad. La prioridad en recursos va hacia los programas de Cohesión Social. Tal vez la PNC podría hacer algo con destacar una fuerza de desplazamiento rápido por vía aérea. Pero el número es insignificante ante una turba de dos mil personas.
Ergo: A falta de justicia, los linchamientos estarán a la orden del día. Acostumbrémonos.
Respuesta violenta por falta de justicia
Editorial de Prensa Libre (08 dic 09)
A lo largo del año que está por terminar han sido linchadas 44 personas, con un repunte muy dramático en los últimas dos semanas, que registran un total de ocho muertos en circunstancias parecidas.
En cada caso reportado se observa un patrón similar, que es el de grupos comunitarios que pretenden aplicar justicia por su propia mano, sin mediar acusación ni mucho menos el debido proceso para los supuestos delincuentes, quienes terminan sufriendo el linchamiento sin que se les haya probado responsabilidad en los delitos imputados.
Es un cuadro dramático el que estamos viviendo, pero hay que reconocer que hay un trasfondo de peso, y es que la población sigue sin recuperar la confianza en las fuerzas de seguridad y en las autoridades judiciales.
Algunas versiones emanadas del Ministerio de Gobernación pretenden endosar estos hechos a dirigentes políticos de oposición, hasta ahora sin presentar pruebas, lo que pareciera más una rebuscada justificación, mientras que a la vista está que se trata de un problema que se ha arrastrado desde hace años en diversas comunidades y que ahora muestra una penosa agudización.
Los linchamientos no tienen ninguna razón de ser. Se trata de una respuesta violenta a la inseguridad y a la falta de un eficiente estado de Derecho en el país, que además no hace más que aumentar el problema de ingobernabilidad y, sin duda, crece el temor en la población a reacciones incontroladas con brutal violencia en los lugares en donde estos hechos se han registrado.
El turismo, tanto local como extranjero, también se abstiene de visitar sitios que reportan este tipo de sucesos, ya que el grado de inseguridad aumenta, pues se teme no solo a los delincuentes que puedan estar operando localmente, sino a los pobladores que puedan mostrar esa violencia sin que prive un criterio jurídico en sus acusaciones, ya que muchas veces ni siquiera se tienen todas las pruebas como para que se explique una agresión a los supuestos responsables de hechos delictivos.
Estamos también ante otra demostración del grado de descomposición social al que hemos llegado, por todos los factores mencionados. Ciertamente el Gobierno ha sido incapaz de contrarrestar los secuestros, las extorsiones, los robos y asaltos, mientras que el Ministerio Público y los tribunales no muestran una actitud de firme y pronta aplicación de justicia, pero ello no justifica que la población se considere a sí misma como juez y verdugo al mismo tiempo.
Como hemos señalado, el tema no es nuevo, pero es necesario contar con una política para ponerle fin, pues, de lo contrario, se seguirá informando, nacional e internacionalmente, de la forma irracional en que los guatemaltecos reaccionamos ante situaciones sensibles.
La impunidad no se combate con más violencia. Adicional a eso hay que recordar que la aplicación de la justicia debe llegar también a los responsables de estos linchamientos, porque se trata de un crimen quizá más condenable que el que se pretende castigar.
A lo largo del año que está por terminar han sido linchadas 44 personas, con un repunte muy dramático en los últimas dos semanas, que registran un total de ocho muertos en circunstancias parecidas.
En cada caso reportado se observa un patrón similar, que es el de grupos comunitarios que pretenden aplicar justicia por su propia mano, sin mediar acusación ni mucho menos el debido proceso para los supuestos delincuentes, quienes terminan sufriendo el linchamiento sin que se les haya probado responsabilidad en los delitos imputados.
Es un cuadro dramático el que estamos viviendo, pero hay que reconocer que hay un trasfondo de peso, y es que la población sigue sin recuperar la confianza en las fuerzas de seguridad y en las autoridades judiciales.
Algunas versiones emanadas del Ministerio de Gobernación pretenden endosar estos hechos a dirigentes políticos de oposición, hasta ahora sin presentar pruebas, lo que pareciera más una rebuscada justificación, mientras que a la vista está que se trata de un problema que se ha arrastrado desde hace años en diversas comunidades y que ahora muestra una penosa agudización.
Los linchamientos no tienen ninguna razón de ser. Se trata de una respuesta violenta a la inseguridad y a la falta de un eficiente estado de Derecho en el país, que además no hace más que aumentar el problema de ingobernabilidad y, sin duda, crece el temor en la población a reacciones incontroladas con brutal violencia en los lugares en donde estos hechos se han registrado.
El turismo, tanto local como extranjero, también se abstiene de visitar sitios que reportan este tipo de sucesos, ya que el grado de inseguridad aumenta, pues se teme no solo a los delincuentes que puedan estar operando localmente, sino a los pobladores que puedan mostrar esa violencia sin que prive un criterio jurídico en sus acusaciones, ya que muchas veces ni siquiera se tienen todas las pruebas como para que se explique una agresión a los supuestos responsables de hechos delictivos.
Estamos también ante otra demostración del grado de descomposición social al que hemos llegado, por todos los factores mencionados. Ciertamente el Gobierno ha sido incapaz de contrarrestar los secuestros, las extorsiones, los robos y asaltos, mientras que el Ministerio Público y los tribunales no muestran una actitud de firme y pronta aplicación de justicia, pero ello no justifica que la población se considere a sí misma como juez y verdugo al mismo tiempo.
Como hemos señalado, el tema no es nuevo, pero es necesario contar con una política para ponerle fin, pues, de lo contrario, se seguirá informando, nacional e internacionalmente, de la forma irracional en que los guatemaltecos reaccionamos ante situaciones sensibles.
La impunidad no se combate con más violencia. Adicional a eso hay que recordar que la aplicación de la justicia debe llegar también a los responsables de estos linchamientos, porque se trata de un crimen quizá más condenable que el que se pretende castigar.
Linchamientos y liderazgos
Por Miguel Ángel Albizures
elPeriódico (08 dic 09)
En municipios, aldeas o departamentos existen diversas organizaciones y cada una de ellas tiene liderazgos propios, unos positivos y otros negativos, hombres o mujeres en quienes las comunidades han depositado su confianza, los han designado para dirigir una organización social, política o religiosa. Además de ellos hay maestros, sacerdotes, monjas, pastores, ancianos, profesionales de prestigio que ejercen o deben ejercer cierto tipo de liderazgo frente al común de los mortales. Hay autoridades municipales, en algunos lugares fuerzas de seguridad, pues no en todas partes tiene presencia el Estado, pero la población busca formas de organización para contribuir al desarrollo de su localidad impulsando una serie de proyectos mínimos o grandes de acuerdo al número de sus habitantes y las condiciones en que se encuentren.
¿Qué hacen estos hombres y mujeres? ¿Son realmente líderes? Y si lo son, ¿cómo dirigen y qué influencia tienen? ¿Positiva o negativa? ¿Cómo es posible que en sus narices se cometa un linchamiento tras otro y se destruyan bienes particulares y del Estado? ¿Se han preguntado alguna vez si son capaces o no? ¿O ustedes tienen que ver con los linchamientos? Surge la duda porque no es posible que estos hechos sigan aconteciendo y no sean capaces de enterarse e intervenir a tiempo para frenarlos. Entendemos el grado de descontento de las poblaciones, las reacciones violentas que provoca la ausencia de justicia y la bestialidad y salvajismo con que actúa actualmente la delincuencia, pero no entendemos que los y las líderes brillen por su ausencia y se sigan haciendo los babosos con la responsabilidad que les compete en estos hechos.
El colmo de todo son las declaraciones del gobernador del departamento de Huehuetenango, Rudy Otoniel Cardona, a quien familiares de las personas que iban a linchar, solicitaron su intervención y según Prensa Libre, dijo que “eso no le correspondía a él, por lo que lamentaba no poderlos ayudar, pues tenía que acompañar a Sandra Torres […] Cardona expuso que monitoreó la situación, por lo que evitó que ingresara la fuerza pública” (PL 5/12/09). Tres fueron los linchados ese día en una aldea de Santa Bárbara, pero parece que a nadie compete hacer algo para que esto no siga sucediendo como han sido los últimos y lamentables hechos sucedidos en Sololá, que reflejan no sólo la incapacidad de las autoridades y la ausencia de justicia, sino el total irrespeto por la vida humana. Todo esto exige de los líderes locales una acción concertada en la que pueden y deben demostrar su liderazgo, pues de lo contrario lo único que se puede pensar es su complicidad y hasta participación en los linchamientos. El peso de la ley debe caer sobre la delincuencia para evitar estas reacciones violentas, pero también sobre quienes incitan a la aplicación de la ley por mano propia.
elPeriódico (08 dic 09)
En municipios, aldeas o departamentos existen diversas organizaciones y cada una de ellas tiene liderazgos propios, unos positivos y otros negativos, hombres o mujeres en quienes las comunidades han depositado su confianza, los han designado para dirigir una organización social, política o religiosa. Además de ellos hay maestros, sacerdotes, monjas, pastores, ancianos, profesionales de prestigio que ejercen o deben ejercer cierto tipo de liderazgo frente al común de los mortales. Hay autoridades municipales, en algunos lugares fuerzas de seguridad, pues no en todas partes tiene presencia el Estado, pero la población busca formas de organización para contribuir al desarrollo de su localidad impulsando una serie de proyectos mínimos o grandes de acuerdo al número de sus habitantes y las condiciones en que se encuentren.
¿Qué hacen estos hombres y mujeres? ¿Son realmente líderes? Y si lo son, ¿cómo dirigen y qué influencia tienen? ¿Positiva o negativa? ¿Cómo es posible que en sus narices se cometa un linchamiento tras otro y se destruyan bienes particulares y del Estado? ¿Se han preguntado alguna vez si son capaces o no? ¿O ustedes tienen que ver con los linchamientos? Surge la duda porque no es posible que estos hechos sigan aconteciendo y no sean capaces de enterarse e intervenir a tiempo para frenarlos. Entendemos el grado de descontento de las poblaciones, las reacciones violentas que provoca la ausencia de justicia y la bestialidad y salvajismo con que actúa actualmente la delincuencia, pero no entendemos que los y las líderes brillen por su ausencia y se sigan haciendo los babosos con la responsabilidad que les compete en estos hechos.
El colmo de todo son las declaraciones del gobernador del departamento de Huehuetenango, Rudy Otoniel Cardona, a quien familiares de las personas que iban a linchar, solicitaron su intervención y según Prensa Libre, dijo que “eso no le correspondía a él, por lo que lamentaba no poderlos ayudar, pues tenía que acompañar a Sandra Torres […] Cardona expuso que monitoreó la situación, por lo que evitó que ingresara la fuerza pública” (PL 5/12/09). Tres fueron los linchados ese día en una aldea de Santa Bárbara, pero parece que a nadie compete hacer algo para que esto no siga sucediendo como han sido los últimos y lamentables hechos sucedidos en Sololá, que reflejan no sólo la incapacidad de las autoridades y la ausencia de justicia, sino el total irrespeto por la vida humana. Todo esto exige de los líderes locales una acción concertada en la que pueden y deben demostrar su liderazgo, pues de lo contrario lo único que se puede pensar es su complicidad y hasta participación en los linchamientos. El peso de la ley debe caer sobre la delincuencia para evitar estas reacciones violentas, pero también sobre quienes incitan a la aplicación de la ley por mano propia.
No cesan los linchamientos
Por elEditorial de elPeriódico (08 dic 09)
Los linchamientos estigmatizan a nuestro país como uno de los más salvajes e incivilizados del mundo y, con razón, sitúan al territorio guatemalteco entre los más peligrosos y con un altísimo riesgo personal.
Estos dantescos asesinatos, perpetrados por turbas encolerizadas, descontroladas y lideradas por incendiarios inescrupulosos que deciden hacer justicia por propia mano, están generalizándose en todo el territorio nacional, sin que las autoridades estatales puedan hacer nada para impedir estas prácticas malsanas que nos desnudan como una sociedad bárbara y sanguinaria.
Las poblaciones, presas del pánico debido a la total inseguridad e injusticia que reina en los lugares donde se asientan, deciden vengarse, con todo sadismo, de los presuntos delincuentes, a quienes identifican por oídas o rumores que se trasladan de boca en boca. La muchedumbre no repara en si el acusado es o no culpable; simplemente vuelca sobre él toda la ira acumulada, convirtiéndolo en una clásica víctima propiciatoria, propia de las épocas de los sacrificios humanos.
La víctima, sea culpable o inocente, muere en medio de un sufrimiento lento y terrible (golpeada, quemada viva o mutilada). El martirio sosiega a las gentes temporalmente hasta que el hartazgo y la incapacidad estatal las alebresta de nuevo. La turba desenfrenada atropella, destruye y liquida al que se le pone enfrente, en función de lograr su cometido de torturar y asesinar.
Preocupa sobremanera la cultura de muerte que prevalece en esta sociedad sin esperanza, aterrorizada y destrozada moralmente, en la que la vida humana no vale nada, que la única manera de sobrevivir es haciendo valer la ley de la selva y que no hay margen para la solución pacífica de las disputas y los conflictos.
Francamente, esta suerte de ajusticiamientos públicos no puede continuar en una sociedad que se precia de ser democrática y que dice regirse por un régimen de legalidad legítimo. El linchamiento no sólo hace temer a los delincuentes, sino que también a cualquier persona, ya que cualquiera (paisano, turista o transeúnte) que en mala hora ande por el respectivo lugar puede ser acusado injustamente por un delito y linchado en el acto. ¡Qué miedo! ¡Qué horror! ¡Qué tétrico! No podemos seguir de brazos cruzados. ¡Hagamos algo, por Dios!
Los linchamientos estigmatizan a nuestro país como uno de los más salvajes e incivilizados del mundo y, con razón, sitúan al territorio guatemalteco entre los más peligrosos y con un altísimo riesgo personal.
Estos dantescos asesinatos, perpetrados por turbas encolerizadas, descontroladas y lideradas por incendiarios inescrupulosos que deciden hacer justicia por propia mano, están generalizándose en todo el territorio nacional, sin que las autoridades estatales puedan hacer nada para impedir estas prácticas malsanas que nos desnudan como una sociedad bárbara y sanguinaria.
Las poblaciones, presas del pánico debido a la total inseguridad e injusticia que reina en los lugares donde se asientan, deciden vengarse, con todo sadismo, de los presuntos delincuentes, a quienes identifican por oídas o rumores que se trasladan de boca en boca. La muchedumbre no repara en si el acusado es o no culpable; simplemente vuelca sobre él toda la ira acumulada, convirtiéndolo en una clásica víctima propiciatoria, propia de las épocas de los sacrificios humanos.
La víctima, sea culpable o inocente, muere en medio de un sufrimiento lento y terrible (golpeada, quemada viva o mutilada). El martirio sosiega a las gentes temporalmente hasta que el hartazgo y la incapacidad estatal las alebresta de nuevo. La turba desenfrenada atropella, destruye y liquida al que se le pone enfrente, en función de lograr su cometido de torturar y asesinar.
Preocupa sobremanera la cultura de muerte que prevalece en esta sociedad sin esperanza, aterrorizada y destrozada moralmente, en la que la vida humana no vale nada, que la única manera de sobrevivir es haciendo valer la ley de la selva y que no hay margen para la solución pacífica de las disputas y los conflictos.
Francamente, esta suerte de ajusticiamientos públicos no puede continuar en una sociedad que se precia de ser democrática y que dice regirse por un régimen de legalidad legítimo. El linchamiento no sólo hace temer a los delincuentes, sino que también a cualquier persona, ya que cualquiera (paisano, turista o transeúnte) que en mala hora ande por el respectivo lugar puede ser acusado injustamente por un delito y linchado en el acto. ¡Qué miedo! ¡Qué horror! ¡Qué tétrico! No podemos seguir de brazos cruzados. ¡Hagamos algo, por Dios!
Más de un centenar de casos de linchamiento se registran este año
Por L. Reynolds y J.M. Castillo
elPeriódico (08 dic 09)
Ciento nueve linchamientos en lo que va de 2009 con un saldo de 41 muertos y 211 heridos contabiliza un monitoreo realizado por la Corte Suprema de Justicia (CSJ), siendo Guatemala, Petén, Quiché y Huehuetenango los departamentos con el mayor número de casos.
El último incidente se registró el domingo en Panajachel, Sololá, donde Walter González García, de 30 años, sindicado de robar Q7 mil y unas escrituras, murió tras ser vapuleado por una turba.
Nora Silda Vicente Castillo, Yanet González García y Silvia González García se salvaron de morir tras la intervención de las fuerzas de seguridad y se produjo un enfrentamiento entre estas y los pobladores dejando cuatro patrullas y la subestación de la PNC quemadas, varios vehículos particulares dañados.
Este es el segundo ajusticiamiento registrado en Sololá en las últimas dos semanas. El primero ocurrió el 27 de noviembre cuando tres presuntos extorsionistas fueron linchados en la cabecera departamental. Anoche, se conoció sobre la retención de una persona a quienes los pobladores de Santiago Chimaltenango, Huehuetenango, acusaban de secuestro. Al cierre de la edición los pobladores lo mantenían retenido.
ESTADO DÉBIL
“Cuando sucede un linchamiento hay una ola de gente que hace lo mismo, como por imitación. Esto se da porque no ha habido una respuesta frontal del Estado para combatir estos hechos”, afirma Carmen Rosa de León Escribano, directora del Instituto de Enseñanza Para el Desarrollo Sostenible (Iepades).
Para Carmen Aída Ibarra, analista del Movimiento Pro Justicia, los linchamientos deben interpretarse como “movilizaciones comunitarias al margen de los límites que establece la Constitución que pueden responder a la desesperación de la población y una pérdida de gobernabilidad”. Sin embargo, De León señala que es difícil establecer una correlación entre altos índices de criminalidad y el linchamiento como respuesta ya que Sololá es uno de los departamentos del país donde menos homicidios se registran en el país.
“El Estado y los medios de comunicación siempre dicen que la gente cansada de esperar justicia recurre a eso, lo cual crea una exculpación de este tipo de acciones. En vez de rechazar este tipo de acciones parece que se les tolera y se les impulsa”.
CRIMENES SIN CASTIGO
De León atribuye el efecto de “ola” o imitación que caracteriza el fenómeno del linchamiento a la falta de acciones punitivas contra los autores intelectuales y materiales de estos crímenes.
Guillermo Melgar, vocero del Organismo Judicial (OJ), afirma que parte del problema es el hecho de que “actuar en un grupo no está tipificado en el Código Penal, es decir, nuestra legislación no puede seguir a toda la muchedumbre”. Por ello, actualmente existe un proyecto de ley en el Congreso que busca tipificar el linchamiento como delito.
GRUPOS PARALELOS
De León afirma que es necesario preguntarse quién se beneficia de la destrucción de la infraestructura estatal –subestación de la PNC, gobernación departamental– en los municipios como Sololá y afirma que grupos vinculados al crimen organizado podrían estar detrás de la última ola de ejecuciones.
Iduvina Hernández, directora de Seguridad en Democracia, coincide con De León y agrega que podría haber actores políticos interesados en crear una situación de ingobernabilidad en el lugar. “Hay algunos que se benefician de atacar procesos de acción social participativa en esas comunidades”.
Sin embargo, Ibarra afirma que “hay lugares donde el crimen organizado usa los linchamientos para limpiar el área donde operan, pero por lo general suelen hacerlo mediante el sicariato”.
Fracasan esfuerzos de prevención
En 1999 el OJ creó la Comisión Nacional de Prevención de Linchamientos, organismo que integra a 20 entidades estatales y de la sociedad civil, incluyendo el Ministerio Público, la PNC y la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).
Esta última se encarga de alertar a líderes comunitarios que puedan actuar como mediadores en el momento en que empieza a fraguarse un linchamiento. Sin embargo, Guillermo Melgar, reconoce que “este trabajo no está siendo del todo efectivo” y afirma que en el episodio de Sololá la población hizo caso omiso de los líderes comunitarios que integran la comisión y que muchos de estos “preferían no participar porque corría peligro su vida”.
-----
Nota similar en Prensa Libre: Preocupa falta de interés en prevenir linchamientos
Entrevista en Emisoras Unidas: "La Asociación de Organizaciones Indígenas de Guatemala se pronunció en contra de los linchamientos que suceden en el país, a través de su portavoz, Ricardo Cajas, quien dejo en claro que esta práctica nos es parte del derecho indígena."
Seguimiento de noticia en elPeriódico (entrevista), 9 dic 09: AQUÍ
elPeriódico (08 dic 09)
Ciento nueve linchamientos en lo que va de 2009 con un saldo de 41 muertos y 211 heridos contabiliza un monitoreo realizado por la Corte Suprema de Justicia (CSJ), siendo Guatemala, Petén, Quiché y Huehuetenango los departamentos con el mayor número de casos.
El último incidente se registró el domingo en Panajachel, Sololá, donde Walter González García, de 30 años, sindicado de robar Q7 mil y unas escrituras, murió tras ser vapuleado por una turba.
Nora Silda Vicente Castillo, Yanet González García y Silvia González García se salvaron de morir tras la intervención de las fuerzas de seguridad y se produjo un enfrentamiento entre estas y los pobladores dejando cuatro patrullas y la subestación de la PNC quemadas, varios vehículos particulares dañados.
Este es el segundo ajusticiamiento registrado en Sololá en las últimas dos semanas. El primero ocurrió el 27 de noviembre cuando tres presuntos extorsionistas fueron linchados en la cabecera departamental. Anoche, se conoció sobre la retención de una persona a quienes los pobladores de Santiago Chimaltenango, Huehuetenango, acusaban de secuestro. Al cierre de la edición los pobladores lo mantenían retenido.
ESTADO DÉBIL
“Cuando sucede un linchamiento hay una ola de gente que hace lo mismo, como por imitación. Esto se da porque no ha habido una respuesta frontal del Estado para combatir estos hechos”, afirma Carmen Rosa de León Escribano, directora del Instituto de Enseñanza Para el Desarrollo Sostenible (Iepades).
Para Carmen Aída Ibarra, analista del Movimiento Pro Justicia, los linchamientos deben interpretarse como “movilizaciones comunitarias al margen de los límites que establece la Constitución que pueden responder a la desesperación de la población y una pérdida de gobernabilidad”. Sin embargo, De León señala que es difícil establecer una correlación entre altos índices de criminalidad y el linchamiento como respuesta ya que Sololá es uno de los departamentos del país donde menos homicidios se registran en el país.
“El Estado y los medios de comunicación siempre dicen que la gente cansada de esperar justicia recurre a eso, lo cual crea una exculpación de este tipo de acciones. En vez de rechazar este tipo de acciones parece que se les tolera y se les impulsa”.
CRIMENES SIN CASTIGO
De León atribuye el efecto de “ola” o imitación que caracteriza el fenómeno del linchamiento a la falta de acciones punitivas contra los autores intelectuales y materiales de estos crímenes.
Guillermo Melgar, vocero del Organismo Judicial (OJ), afirma que parte del problema es el hecho de que “actuar en un grupo no está tipificado en el Código Penal, es decir, nuestra legislación no puede seguir a toda la muchedumbre”. Por ello, actualmente existe un proyecto de ley en el Congreso que busca tipificar el linchamiento como delito.
GRUPOS PARALELOS
De León afirma que es necesario preguntarse quién se beneficia de la destrucción de la infraestructura estatal –subestación de la PNC, gobernación departamental– en los municipios como Sololá y afirma que grupos vinculados al crimen organizado podrían estar detrás de la última ola de ejecuciones.
Iduvina Hernández, directora de Seguridad en Democracia, coincide con De León y agrega que podría haber actores políticos interesados en crear una situación de ingobernabilidad en el lugar. “Hay algunos que se benefician de atacar procesos de acción social participativa en esas comunidades”.
Sin embargo, Ibarra afirma que “hay lugares donde el crimen organizado usa los linchamientos para limpiar el área donde operan, pero por lo general suelen hacerlo mediante el sicariato”.
Fracasan esfuerzos de prevención
En 1999 el OJ creó la Comisión Nacional de Prevención de Linchamientos, organismo que integra a 20 entidades estatales y de la sociedad civil, incluyendo el Ministerio Público, la PNC y la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).
Esta última se encarga de alertar a líderes comunitarios que puedan actuar como mediadores en el momento en que empieza a fraguarse un linchamiento. Sin embargo, Guillermo Melgar, reconoce que “este trabajo no está siendo del todo efectivo” y afirma que en el episodio de Sololá la población hizo caso omiso de los líderes comunitarios que integran la comisión y que muchos de estos “preferían no participar porque corría peligro su vida”.
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Nota similar en Prensa Libre: Preocupa falta de interés en prevenir linchamientos
Entrevista en Emisoras Unidas: "La Asociación de Organizaciones Indígenas de Guatemala se pronunció en contra de los linchamientos que suceden en el país, a través de su portavoz, Ricardo Cajas, quien dejo en claro que esta práctica nos es parte del derecho indígena."
Seguimiento de noticia en elPeriódico (entrevista), 9 dic 09: AQUÍ
Se disparan linchamientos
Por Wendy Moctezuma
Siglo XXI (08 dic 09)
El número de muertos a causa de linchamientos se disparó en 2009 en relación con el año pasado. En 2008 se reportaron 17 víctimas y en 2009, al 6 de diciembre, los fallecidos suman 46, según datos de la Policía Nacional Civil (PNC).
De acuerdo con dichas cifras, las muertes violentas en estos hechos se incrementaron en un 170.5%. El año pasado sólo en diciembre hubo 10 linchamientos y este año en la primera semana del mes se han reportado 5 muertes de la misma forma.
Los últimos casos ocurrieron el viernes sábado y domingo. En Huehuetenango vapulearon y quemaron a 2 hombres y una mujer; en Quiché murió a manos de una turba un hombre acusado de un asalto y en Panajachel, Sololá, un hombre de 30 años murió a manos de los inconformes, al acusarlo de robo.
El reporte de víctimas varía, según la institución, aunque todas coinciden en que el número se ha incrementado en relación con otros años; por ejemplo, el Organismo Judicial en su reporte registra 40 muertos y la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) al 31 de octubre, sumaba 31 fallecidos; mientras que el año pasado sumó 18. Asimismo, hace recuento de las personas que fueron heridas en estos hechos, 113 y 94, en 2008 y 2009, respectivamente.
El informe de la PDH hace énfasis en que en los lugares donde más ocurren estos hechos son San Marcos, Suchitepéquez, Totonicapán, Escuintla, Guatemala y San Juan Sacatepéquez, seguidos por Cobán, Quiché y Santa Rosa.
“Al descubierto”
Estos hechos “sólo ponen al descubierto la inefectividad de los cuerpos de seguridad del Estado que no son capaces de parar un crimen”, opina Pedro Trujillo, director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).
Señala que es necesario investigar a los líderes religiosos y políticos de las comunidades “porque ellos tienen el poder de convocatoria para que los pobladores actúen de esa manera”.
El secretario adjunto de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) Luis Linares considera que es una situación terrible para la imagen del país y expresa: “Sólo muestra el salvajismo que se vive” y agrega: “Los hechos son cometidos porque ven que las autoridades no actuan; estos grupos se organizan por la impunidad, pero ellos mismos también la provocan”. Los dos analistas coinciden en que principalmente afecta a la industria turística.
Siglo XXI (08 dic 09)
El número de muertos a causa de linchamientos se disparó en 2009 en relación con el año pasado. En 2008 se reportaron 17 víctimas y en 2009, al 6 de diciembre, los fallecidos suman 46, según datos de la Policía Nacional Civil (PNC).
De acuerdo con dichas cifras, las muertes violentas en estos hechos se incrementaron en un 170.5%. El año pasado sólo en diciembre hubo 10 linchamientos y este año en la primera semana del mes se han reportado 5 muertes de la misma forma.
Los últimos casos ocurrieron el viernes sábado y domingo. En Huehuetenango vapulearon y quemaron a 2 hombres y una mujer; en Quiché murió a manos de una turba un hombre acusado de un asalto y en Panajachel, Sololá, un hombre de 30 años murió a manos de los inconformes, al acusarlo de robo.
El reporte de víctimas varía, según la institución, aunque todas coinciden en que el número se ha incrementado en relación con otros años; por ejemplo, el Organismo Judicial en su reporte registra 40 muertos y la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) al 31 de octubre, sumaba 31 fallecidos; mientras que el año pasado sumó 18. Asimismo, hace recuento de las personas que fueron heridas en estos hechos, 113 y 94, en 2008 y 2009, respectivamente.
El informe de la PDH hace énfasis en que en los lugares donde más ocurren estos hechos son San Marcos, Suchitepéquez, Totonicapán, Escuintla, Guatemala y San Juan Sacatepéquez, seguidos por Cobán, Quiché y Santa Rosa.
“Al descubierto”
Estos hechos “sólo ponen al descubierto la inefectividad de los cuerpos de seguridad del Estado que no son capaces de parar un crimen”, opina Pedro Trujillo, director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).
Señala que es necesario investigar a los líderes religiosos y políticos de las comunidades “porque ellos tienen el poder de convocatoria para que los pobladores actúen de esa manera”.
El secretario adjunto de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) Luis Linares considera que es una situación terrible para la imagen del país y expresa: “Sólo muestra el salvajismo que se vive” y agrega: “Los hechos son cometidos porque ven que las autoridades no actuan; estos grupos se organizan por la impunidad, pero ellos mismos también la provocan”. Los dos analistas coinciden en que principalmente afecta a la industria turística.
07 December 2009
Interpretación política de los linchamientos
por Carlos A. Mendoza
Chicago, IL (07 dic 09)
Ya llevo varios años insistiendo en la necesidad de comprender correctamente la naturaleza de los linchamientos para poder evitarlos. Pero debido a la falta de información sobre el fenómeno, recopilada sistemáticamente por parte del mismo Estado, y a la emisión de diversas hipótesis sin suficiente fundamento empirico, las autoridades siguen perdidas respecto a cómo evitar la difusión geográfica de este tipo de violencia colectiva.
Hace pocos días ocurrió un linchamiento en Sololá, cabecera departamental, y ayer ocurrió otro en Panajachel, pueblo a orillas del Lago de Atitlán, a pocos kilómetros de Sololá. Las características de ambos son similares: se da voz de alarma sobre supuestos criminales, la comunidad reacciona rápidamente para capturarlos, la policía toma custodia de los sospechosos, quienes después son reclamados por la turba. La diferencia es que, en el último caso, las mujeres fueron suficientemente protegidas por la policía, que les salvó la vida. No corrieron la misma suerte los capturados en Sololá.
Interpretación oficial
Lo que me preocupa, además de la frecuencia con la que nuevamente se están dando los linchamientos, es que las máximas autoridades salgan con excusas de tipo político, que únicamente reflejan su ignorancia sobre el tema. La nota publicada hoy por Prensa Libre (por Julajuj, Lara, López y Sáenz) deja testimonio de ello:
Raúl Velásquez, ministro de Gobernación, afirmó que los recientes linchamientos, además de ser un delito, pueden llegar a tener “tinte político”. “No puedo señalar a ningún partido político, pero sí puedo decir que líderes locales que han participado en política han estado involucrados”. [fin de la cita]
Es cierto que persiste la discusión sobre si los linchamientos son cien por ciento espontáneos o si, por el contrario, son planificados previamente por instigadores con objetivos inconfesables. Yo he dicho que los datos de la MINUGUA apoyan más la primera hipótesis que la segunda. Pero no niego que puedan darse algunos casos de abierta manipulación sobre la población. Lo importante es comprender las condiciones que facilitan esa movilización violenta, sin importar tanto el contexto particular.
La declaración del Ministro de Gobernación parece un intento de responsabilizar a otros y, de esta manera, liberar de responsabilidad al Gobierno de la República ante su evidente incapacidad. Su ineficacia en la prevención del delito es doble. Primero, para disminuir las tasas de delincuencia que desesperan a la población, lo cual facilitan su movilización. Segundo, para garantizar la integridad física y el debido proceso de los capturados por supuestos delitos.
En lo que sí coincido con el Ministro, es en la segunda parte de su declaración:
"Agregó que el problema es que las poblaciones reclaman que la PNC hace capturas y a los pocos días los sindicados están en la calle, pero no comprenden que esa no es responsabilidad de Gobernación, sino de los tribunales."
Aunque aquí también asume una actitud de evasión de responsabilidad, es cierto que la población está cansada de la impunidad de la que gozan los criminales y delincuentes. Esto genera gran frustación que también facilita la movilización violenta contra aquellos considerados una amenaza para la población.
Lo que ocurre en el caso de los ataques violentos contra las fuerzas de seguridad del Estado, es que son el primer eslabón en la cadena de la justicia, y los que están en contacto directo con la población, que además los percibe como fácilmente corruptibles. De tal forma que su presencia física (agentes, radiopatrullas, estaciones) no resuelve el problema de la ausencia del Estado. Están allí, pero no hay justicia ni seguridad.
De tal forma que los pobladores la emprenden no sólo contra los supuestos criminales, sino que también expresan su resentimiento ante ese Estado que durante siglos les ha extraído recursos sin devolverlos para beneficio de la comunidad (e incluso ha sido su peor enemigo en distintos momentos de la historia), especialmente en forma de bienes públicos muy apreciados como justicia, orden y seguridad.
Chicago, IL (07 dic 09)
Ya llevo varios años insistiendo en la necesidad de comprender correctamente la naturaleza de los linchamientos para poder evitarlos. Pero debido a la falta de información sobre el fenómeno, recopilada sistemáticamente por parte del mismo Estado, y a la emisión de diversas hipótesis sin suficiente fundamento empirico, las autoridades siguen perdidas respecto a cómo evitar la difusión geográfica de este tipo de violencia colectiva.
Hace pocos días ocurrió un linchamiento en Sololá, cabecera departamental, y ayer ocurrió otro en Panajachel, pueblo a orillas del Lago de Atitlán, a pocos kilómetros de Sololá. Las características de ambos son similares: se da voz de alarma sobre supuestos criminales, la comunidad reacciona rápidamente para capturarlos, la policía toma custodia de los sospechosos, quienes después son reclamados por la turba. La diferencia es que, en el último caso, las mujeres fueron suficientemente protegidas por la policía, que les salvó la vida. No corrieron la misma suerte los capturados en Sololá.
Interpretación oficial
Lo que me preocupa, además de la frecuencia con la que nuevamente se están dando los linchamientos, es que las máximas autoridades salgan con excusas de tipo político, que únicamente reflejan su ignorancia sobre el tema. La nota publicada hoy por Prensa Libre (por Julajuj, Lara, López y Sáenz) deja testimonio de ello:
Raúl Velásquez, ministro de Gobernación, afirmó que los recientes linchamientos, además de ser un delito, pueden llegar a tener “tinte político”. “No puedo señalar a ningún partido político, pero sí puedo decir que líderes locales que han participado en política han estado involucrados”. [fin de la cita]
Es cierto que persiste la discusión sobre si los linchamientos son cien por ciento espontáneos o si, por el contrario, son planificados previamente por instigadores con objetivos inconfesables. Yo he dicho que los datos de la MINUGUA apoyan más la primera hipótesis que la segunda. Pero no niego que puedan darse algunos casos de abierta manipulación sobre la población. Lo importante es comprender las condiciones que facilitan esa movilización violenta, sin importar tanto el contexto particular.
La declaración del Ministro de Gobernación parece un intento de responsabilizar a otros y, de esta manera, liberar de responsabilidad al Gobierno de la República ante su evidente incapacidad. Su ineficacia en la prevención del delito es doble. Primero, para disminuir las tasas de delincuencia que desesperan a la población, lo cual facilitan su movilización. Segundo, para garantizar la integridad física y el debido proceso de los capturados por supuestos delitos.
En lo que sí coincido con el Ministro, es en la segunda parte de su declaración:
"Agregó que el problema es que las poblaciones reclaman que la PNC hace capturas y a los pocos días los sindicados están en la calle, pero no comprenden que esa no es responsabilidad de Gobernación, sino de los tribunales."
Aunque aquí también asume una actitud de evasión de responsabilidad, es cierto que la población está cansada de la impunidad de la que gozan los criminales y delincuentes. Esto genera gran frustación que también facilita la movilización violenta contra aquellos considerados una amenaza para la población.
Lo que ocurre en el caso de los ataques violentos contra las fuerzas de seguridad del Estado, es que son el primer eslabón en la cadena de la justicia, y los que están en contacto directo con la población, que además los percibe como fácilmente corruptibles. De tal forma que su presencia física (agentes, radiopatrullas, estaciones) no resuelve el problema de la ausencia del Estado. Están allí, pero no hay justicia ni seguridad.
De tal forma que los pobladores la emprenden no sólo contra los supuestos criminales, sino que también expresan su resentimiento ante ese Estado que durante siglos les ha extraído recursos sin devolverlos para beneficio de la comunidad (e incluso ha sido su peor enemigo en distintos momentos de la historia), especialmente en forma de bienes públicos muy apreciados como justicia, orden y seguridad.
Tarde de caos en Panajachel
por Lucía Escobar
elPeriódico (7 dic 09)
A las 10:30 horas llegó la vecina a contarme que agarraron a tres mujeres y un hombre robando cortes y güipiles en el mercado central. “Los están paseando en la Santander y los quieren quemar, andá a ver”. Quise decir que no cubro linchamientos, pero no hablé.
Salí directo a la tienda de mi vecindad en el Barrio Jucanya para preguntarle al tendero si había escuchado algo. “No, eso fue la semana pasada en Sololá cuando lincharon a dos mareros que intentaron extorsionar a un piloto y luego lo asesinaron”.
Caminé hacia el puente La Amistad, y en el camino me entró otra llamada. “Ya mataron al hombre, el cadáver está frente a la Municipalidad, ¿no vas a ir a cubrirlo?”.
Me temblaron las piernas y caminé hacia el mercado. Recordé que anteayer en una manifestación de mototaxis contra el proyecto de volver peatonal la calle Santander, escuché decir a dos jóvenes que ojalá en Pana fueran como los sololatecos que no se dejan. “Quememos a dos indios, a ver si no hacen caso”.
Llegué frente a la iglesia católica y vi gente armando un árbol de navidad. A menos de cien metros, frente a la Estación de Policía Nacional Civil estaban reunidas unas mil personas. Tirado a media calle un cuerpo envuelto en nylon negro. Una anciana kaqchikel se acercó a descubrirle la cara para ver si no era un familiar.
Me colé entre la gente bajo la estatua del dinosaurio y escuché al borracho del pueblo pedir gasolina.
No logré localizar un solo líder incitador, de todas partes a mi alrededor surgían voces que bromeaban; sólo les vamos a aplicar justicia popular, sáquenlas, no las queremos quemar sólo que hablen. Frente a nosotros, unos 14 policías resguardaban la Municipalidad y la cárcel dónde tenían a las mujeres.
De repente, la estampida humana, gente corriendo hacia todas partes, disparos, gritos y humo.
Corrí hacia el mercado, metiéndome en callejones, empujada por la gente, los ojos lagrimeando, picazón en toda la cara.
De la parte de atrás del mercado, comenzaron a salir cientos de niños llorando, señoras con sus ventas, turistas y locales. Los jóvenes comenzaron a taparse la cara con trapos y playeras y a recoger piedras y envases de vidrio del suelo para tirarle a los policías.
Pasaron un par de horas así, los policías avanzaban y el grupo se dispersaba y se unía. Una patrulla intentó sacar a las presuntas ladronas (una de ellas embarazada) del pueblo y a la altura del mirador de San Jorge, fueron copados por gente de Sololá y de Panajachel.
A las cuatro de la tarde, cientos de personas con las cabezas tapadas bajaron a pie de San Jorge con las mujeres amarradas y algo golpeadas, pasaron a un lado de la Santander desierta y llegaron de nuevo frente a la Municipalidad.
Cuando ya todos pensaban que las mujeres morirían quemadas pues ya tenían gasolina encima, de nuevo una estampida, humo y gases lacrimógenos, la muchedumbre volvió a dispersarse y las mujeres se salvaron de milagro.
El saldo de la jornada
Un hombre murió linchado, quien fue identificado como Walter González, cuatro patrullas fueron quemadas, varios vehículos dañados, una gasolinera, la subestación de la Policía y la municipalidad sufrieron daños, cuatro agentes de la PNC se encuentran heridos, varios civiles y niños se intoxicaron o fueron golpeados con piedras, el mercado y los comercios cerraron temprano y decenas de turistas salieron espantados de Atitlán. Ese fue el saldo de este primer domingo de diciembre.
Las mujeres fueron identificadas como Nora Vicente Castillo, Yanet González García Silvia González García (embarazada de siete meses).
-----
La misma noticia en Prensa Libre: Disturbios sacuden Panajachel
Dicha nota menciona que en las últimas dos semanas han ocurrido ocho asesinatos como resultado de violencia colectiva:
5 de diciembre: una persona fue linchada en Huehuetenango.
4 de diciembre: cuatro supuestos delincuentes son linchados en Huehuetenango.
27 de noviembre: tres supuestos extorsionistas fueron linchados en la cabecera de Sololá.
Seguimiento a la noticia en Prensa Libre: AQUI
Seguimiento en La Hora: AQUI
elPeriódico (7 dic 09)
A las 10:30 horas llegó la vecina a contarme que agarraron a tres mujeres y un hombre robando cortes y güipiles en el mercado central. “Los están paseando en la Santander y los quieren quemar, andá a ver”. Quise decir que no cubro linchamientos, pero no hablé.
Salí directo a la tienda de mi vecindad en el Barrio Jucanya para preguntarle al tendero si había escuchado algo. “No, eso fue la semana pasada en Sololá cuando lincharon a dos mareros que intentaron extorsionar a un piloto y luego lo asesinaron”.
Caminé hacia el puente La Amistad, y en el camino me entró otra llamada. “Ya mataron al hombre, el cadáver está frente a la Municipalidad, ¿no vas a ir a cubrirlo?”.
Me temblaron las piernas y caminé hacia el mercado. Recordé que anteayer en una manifestación de mototaxis contra el proyecto de volver peatonal la calle Santander, escuché decir a dos jóvenes que ojalá en Pana fueran como los sololatecos que no se dejan. “Quememos a dos indios, a ver si no hacen caso”.
Llegué frente a la iglesia católica y vi gente armando un árbol de navidad. A menos de cien metros, frente a la Estación de Policía Nacional Civil estaban reunidas unas mil personas. Tirado a media calle un cuerpo envuelto en nylon negro. Una anciana kaqchikel se acercó a descubrirle la cara para ver si no era un familiar.
Me colé entre la gente bajo la estatua del dinosaurio y escuché al borracho del pueblo pedir gasolina.
No logré localizar un solo líder incitador, de todas partes a mi alrededor surgían voces que bromeaban; sólo les vamos a aplicar justicia popular, sáquenlas, no las queremos quemar sólo que hablen. Frente a nosotros, unos 14 policías resguardaban la Municipalidad y la cárcel dónde tenían a las mujeres.
De repente, la estampida humana, gente corriendo hacia todas partes, disparos, gritos y humo.
Corrí hacia el mercado, metiéndome en callejones, empujada por la gente, los ojos lagrimeando, picazón en toda la cara.
De la parte de atrás del mercado, comenzaron a salir cientos de niños llorando, señoras con sus ventas, turistas y locales. Los jóvenes comenzaron a taparse la cara con trapos y playeras y a recoger piedras y envases de vidrio del suelo para tirarle a los policías.
Pasaron un par de horas así, los policías avanzaban y el grupo se dispersaba y se unía. Una patrulla intentó sacar a las presuntas ladronas (una de ellas embarazada) del pueblo y a la altura del mirador de San Jorge, fueron copados por gente de Sololá y de Panajachel.
A las cuatro de la tarde, cientos de personas con las cabezas tapadas bajaron a pie de San Jorge con las mujeres amarradas y algo golpeadas, pasaron a un lado de la Santander desierta y llegaron de nuevo frente a la Municipalidad.
Cuando ya todos pensaban que las mujeres morirían quemadas pues ya tenían gasolina encima, de nuevo una estampida, humo y gases lacrimógenos, la muchedumbre volvió a dispersarse y las mujeres se salvaron de milagro.
El saldo de la jornada
Un hombre murió linchado, quien fue identificado como Walter González, cuatro patrullas fueron quemadas, varios vehículos dañados, una gasolinera, la subestación de la Policía y la municipalidad sufrieron daños, cuatro agentes de la PNC se encuentran heridos, varios civiles y niños se intoxicaron o fueron golpeados con piedras, el mercado y los comercios cerraron temprano y decenas de turistas salieron espantados de Atitlán. Ese fue el saldo de este primer domingo de diciembre.
Las mujeres fueron identificadas como Nora Vicente Castillo, Yanet González García Silvia González García (embarazada de siete meses).
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La misma noticia en Prensa Libre: Disturbios sacuden Panajachel
Dicha nota menciona que en las últimas dos semanas han ocurrido ocho asesinatos como resultado de violencia colectiva:
5 de diciembre: una persona fue linchada en Huehuetenango.
4 de diciembre: cuatro supuestos delincuentes son linchados en Huehuetenango.
27 de noviembre: tres supuestos extorsionistas fueron linchados en la cabecera de Sololá.
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06 December 2009
Linchamiento en San Pedro Jocopilas, Quiché
Según Emisoras Unidas (5 dic 09), un hombre fue linchado por pobladores de la aldea Las Pozas, San Pedro Jocopilas, Quiché, acusado de dar muerte a machetazos a un hombre de la tercera edad.
Se trata de Rolando Reynoso de 34 años, a quienes vecinos sacaron de su vivienda en el cantón San Lucas, aldea Santa María y lo trasladaron hacia Las Pozas.
La Policía Nacional Civil no pudo hacer nada por evitar el linchamiento ya que la turba bloqueó el ingreso al lugar.
Con este hecho suman cuatro las personas que han sido linchadas en Guatemala en las últimas 24 horas.
Así salió la noticia en El Heraldo, de Honduras:
Linchan a séptima víctima en dos semanas
Guatemala, Guatemala.
Una turba enardecida de un poblado indígena al norte de la capital guatemalteca linchó a un presunto delincuente, con lo que se elevó a siete el número de víctimas por este tipo de acciones en las últimas dos semanas, informó la policía.
El incidente de registró en el municipio de San Pedro Jocopilas, Quiché, unos 180 km al norte de la capital, y la víctima fue identificada como Ronaldo Reynoso, de 34 años, indicó a la prensa el jefe de la comisaría de Quiché, Jorge Luis Pérez Borja.
Pérez Borja indicó que la población sacó de su vivienda a la víctima, a quien acusaron de asesinar a machetazos a Manuel López Acabal (73) la semana pasado, luego la llevaron a la plaza central donde le propinaron una paliza, para luego quemarlo vivo.
El pasado viernes tres supuestos delincuentes fueron linchados en una aldea de Guatemala fronteriza con México, en el estado [departamento] de Huehuetenango.
A los presuntos delincuentes se les acusaba del secuestro y asesinato de una mujer de la comunidad de Santa Bárbara, donde se produjo el linchamiento, según el vocero del Organismo Judicial (OJ), Guillermo Melgar.
El pasado 27 de noviembre también murieron lapidados tres presuntos extorsionistas y sicarios, incluida una mujer, en la cabecera departamental de Sololá (oeste), acusados por el pueblo de asesinar al chofer de un autobús que viajaba hacia la capital.
Fuente: AQUI
Se trata de Rolando Reynoso de 34 años, a quienes vecinos sacaron de su vivienda en el cantón San Lucas, aldea Santa María y lo trasladaron hacia Las Pozas.
La Policía Nacional Civil no pudo hacer nada por evitar el linchamiento ya que la turba bloqueó el ingreso al lugar.
Con este hecho suman cuatro las personas que han sido linchadas en Guatemala en las últimas 24 horas.
Así salió la noticia en El Heraldo, de Honduras:
Linchan a séptima víctima en dos semanas
Guatemala, Guatemala.
Una turba enardecida de un poblado indígena al norte de la capital guatemalteca linchó a un presunto delincuente, con lo que se elevó a siete el número de víctimas por este tipo de acciones en las últimas dos semanas, informó la policía.
El incidente de registró en el municipio de San Pedro Jocopilas, Quiché, unos 180 km al norte de la capital, y la víctima fue identificada como Ronaldo Reynoso, de 34 años, indicó a la prensa el jefe de la comisaría de Quiché, Jorge Luis Pérez Borja.
Pérez Borja indicó que la población sacó de su vivienda a la víctima, a quien acusaron de asesinar a machetazos a Manuel López Acabal (73) la semana pasado, luego la llevaron a la plaza central donde le propinaron una paliza, para luego quemarlo vivo.
El pasado viernes tres supuestos delincuentes fueron linchados en una aldea de Guatemala fronteriza con México, en el estado [departamento] de Huehuetenango.
A los presuntos delincuentes se les acusaba del secuestro y asesinato de una mujer de la comunidad de Santa Bárbara, donde se produjo el linchamiento, según el vocero del Organismo Judicial (OJ), Guillermo Melgar.
El pasado 27 de noviembre también murieron lapidados tres presuntos extorsionistas y sicarios, incluida una mujer, en la cabecera departamental de Sololá (oeste), acusados por el pueblo de asesinar al chofer de un autobús que viajaba hacia la capital.
Fuente: AQUI
05 December 2009
Turba libera a siete personas retenidas en Huehuetenango
Prensa Libre con información de Myke Castillo (05 dec 09)
En la aldea Yinjom, de San Pedro Soloma, Huehuetenango, un numeroso grupo de vecinos mantuvieron retenidas a siete personas, luego que se difundiera el rumor que uno de ellos presuntamente formaba parte de una banda de secuestradores.
Montejo Gaspar León, de 32 años, fue acusado por los pobladores del delito de secuestro y fue capturado mientras la turba pedía vapulearlo.
Horas después, Gaspar Gaspar León, hermano del rehén junto al alcalde auxiliar, Ixtiapoc Tomás y cuatro mujeres más, llegaron con la intención de interceder para que lo liberaran, sin embargo, también quedaron en su custodia.
De acuerdo con el vocero de la Policía Nacional Civil (PNC), Donald González, la institución realizó un trabajo de persuasión para evitar que se cometiera un linchamiento similar al ocurrido ayer en la aldea Chicol, municipio de Santa Bárbara.
Las personas fueron retenidas a las 14:00 horas y fueron dejadas en libertad a las 19:00 horas, dijo González.
Según Byron Herrera, delegado de Derechos Humanos y Pedro García, agente de la Policía Nacional Civil, la situación se mantuvo estable.
Ayer fueron muertas tres personas por pobladores de la aldea Chicol, luego de ser sindicadas de haber integrado una banda de delincuentes que mató a una vecina que fue localizada decapitada.
En la aldea Yinjom, de San Pedro Soloma, Huehuetenango, un numeroso grupo de vecinos mantuvieron retenidas a siete personas, luego que se difundiera el rumor que uno de ellos presuntamente formaba parte de una banda de secuestradores.
Montejo Gaspar León, de 32 años, fue acusado por los pobladores del delito de secuestro y fue capturado mientras la turba pedía vapulearlo.
Horas después, Gaspar Gaspar León, hermano del rehén junto al alcalde auxiliar, Ixtiapoc Tomás y cuatro mujeres más, llegaron con la intención de interceder para que lo liberaran, sin embargo, también quedaron en su custodia.
De acuerdo con el vocero de la Policía Nacional Civil (PNC), Donald González, la institución realizó un trabajo de persuasión para evitar que se cometiera un linchamiento similar al ocurrido ayer en la aldea Chicol, municipio de Santa Bárbara.
Las personas fueron retenidas a las 14:00 horas y fueron dejadas en libertad a las 19:00 horas, dijo González.
Según Byron Herrera, delegado de Derechos Humanos y Pedro García, agente de la Policía Nacional Civil, la situación se mantuvo estable.
Ayer fueron muertas tres personas por pobladores de la aldea Chicol, luego de ser sindicadas de haber integrado una banda de delincuentes que mató a una vecina que fue localizada decapitada.
04 December 2009
Linchan a tres supuestos delincuentes en Huehuetenango
Por Prensa Libre con información de Myke Castillo (04 dic 09)
Pobladores de la aldea Chicol, un área rural de Santa Bárbara, Huehuetenango, lincharon a tres supuestos delincuentes, un día después de que fueran retenidos y agredidos.
El delegado de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos para Huehutenango, Byron Herrera, informó sobre los linchamientos, aunque por el momento no hay certeza de quiénes son los fallecidos, pues eran cinco las personas que se encontraban retenidas.
Desde que los vecinos atraparon y retuvieron a los presuntos maleantes no hubo presencia de ninguna autoridad local ni de la Policía Nacional Civil (PNC); de hecho en ese poblado no hay estación policial ni juzgado desde 2002.
En un campo abierto permanecieron detenidos Luisa Godínez Gómez, su hijo Jeremías (los vecinos creen que el esposo Rosanio Gómez, prófugo, es el cabecilla del grupo), Rubén Méndez Carrillo, Israel Carrillo López (los dos confesaron ser parte de la banda), Felipe Gómez Ramírez (medio hermano de Rosanio), Artemio Sánchez López y Cecilia Carrillo Gómez.
Además de cometer ilícitos dentro del poblado, los vecinos señalan a la banda por el crimen de Marcelina Consuelo Rodríguez Calderón, de 42 años, cuyo cadáver decapitado fue encontrado días atrás en su terreno montañoso de la aldea.
Los vecinos también quemaron al menos dos autobuses y un picop, que supuestamente permanecían a la banda.
Pobladores de la aldea Chicol, un área rural de Santa Bárbara, Huehuetenango, lincharon a tres supuestos delincuentes, un día después de que fueran retenidos y agredidos.
El delegado de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos para Huehutenango, Byron Herrera, informó sobre los linchamientos, aunque por el momento no hay certeza de quiénes son los fallecidos, pues eran cinco las personas que se encontraban retenidas.
Desde que los vecinos atraparon y retuvieron a los presuntos maleantes no hubo presencia de ninguna autoridad local ni de la Policía Nacional Civil (PNC); de hecho en ese poblado no hay estación policial ni juzgado desde 2002.
En un campo abierto permanecieron detenidos Luisa Godínez Gómez, su hijo Jeremías (los vecinos creen que el esposo Rosanio Gómez, prófugo, es el cabecilla del grupo), Rubén Méndez Carrillo, Israel Carrillo López (los dos confesaron ser parte de la banda), Felipe Gómez Ramírez (medio hermano de Rosanio), Artemio Sánchez López y Cecilia Carrillo Gómez.
Además de cometer ilícitos dentro del poblado, los vecinos señalan a la banda por el crimen de Marcelina Consuelo Rodríguez Calderón, de 42 años, cuyo cadáver decapitado fue encontrado días atrás en su terreno montañoso de la aldea.
Los vecinos también quemaron al menos dos autobuses y un picop, que supuestamente permanecían a la banda.
28 November 2009
Sololá: linchamientos y desafío al Estado
Linchan a tres presuntos delincuentes en Sololá
Los lugareños quemaron a tres personas acusadas de matar al piloto de la unidad, a un pasajero y de herir al ayudante. Leer más en elPeriódico (28 nov 09)
Linchan a dos adultos y a un menor en Sololá
Una turba linchó ayer a dos hombres y a una mujer, a quienes acusaron de extorsionistas y sicarios, y por ello les prendieron fuego en el parque Centroamérica, en Sololá. Leer más en Prensa Libre (28 nov 09)
Vecinos de la Ciudad de Sololá observan el edificio de la Gobernación Departamental que fue quemado ayer por una turba que también quemó la estación de la Policía, dos autopatrullas y linchó a tres personas a quienes acusaban de sicarios. Fotos en Prensa Libre (28 nov 09)
Linchan a 3; queman autos y 2 edificios
Turba mata a golpes y quema a supuestos extorsionistas. También destruyen sede de la PNC y Gobernación de Sololá. Leer más en Siglo XXI (28 nov 09)
Los lugareños quemaron a tres personas acusadas de matar al piloto de la unidad, a un pasajero y de herir al ayudante. Leer más en elPeriódico (28 nov 09)
Linchan a dos adultos y a un menor en Sololá
Una turba linchó ayer a dos hombres y a una mujer, a quienes acusaron de extorsionistas y sicarios, y por ello les prendieron fuego en el parque Centroamérica, en Sololá. Leer más en Prensa Libre (28 nov 09)
Vecinos de la Ciudad de Sololá observan el edificio de la Gobernación Departamental que fue quemado ayer por una turba que también quemó la estación de la Policía, dos autopatrullas y linchó a tres personas a quienes acusaban de sicarios. Fotos en Prensa Libre (28 nov 09)
Linchan a 3; queman autos y 2 edificios
Turba mata a golpes y quema a supuestos extorsionistas. También destruyen sede de la PNC y Gobernación de Sololá. Leer más en Siglo XXI (28 nov 09)
24 November 2009
Autoridades temen que aumenten linchamientos
Por Edgar Girón y César Pérez
Prensa Libre (24 nov 09)
La falta de confianza al sistema de justicia ha desencadenado una serie de acontecimientos violentos en las comunidades, que muchas veces concluye con el asesinato violento de sospechosos.
Olivia Ramírez, secretaria del Cocode de la aldea Ixcahuín, se mostró complacida con el taller. “Muchos comunitarios participan en este tipo de actos porque desconocen cuál es el procedimiento legal para procesar a un presunto delincuente”, resaltó.
Jerónimo Miranda, líder religioso, dijo que es necesario inculcar una cultura de paz a los vecinos, ya que muchos se sienten solos ante la debilidad del sistema jurídico.
Taller de prevención
Líderes comunitarios de Nuevo Progreso, San Marcos, participaron en un taller sobre prevención de linchamientos, el cual fue organizado por el juzgado de Paz local, con el propósito de prevenir ese tipo de hechos en la región.
En el evento estuvieron presentes más de cien representantes de Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes) y alcaldías auxiliares, quienes replicarán el mensaje a lo miembros de sus comunidades.
Ósmar Cifuentes, secretario del referido juzgado, dijo que en lo que va del 2009 se han registrado seis intentos de linchamiento, lo que demuestra que la población está propensa a participar en ese tipo de eventos.
Durante el taller se les explicó cuáles son los procedimientos a seguir por parte de la Policía Nacional Civil y el Organismo Judicial para procesar a un detenido.
Además se les informó sobre los delitos en los que incurren las personas que participan en una agresión de tal categoría y que al final cometen asesinato.
Los comunitarios están de acuerdo con ese tipo de actividades, pero piden a las autoridades que se acerquen más a los pueblos para conocer de cerca los problemas que los aquejan, principalmente de seguridad.
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Nota: Modifiqué el orden de los párrafos para resaltar las tres hipótesis con las que se identificaron algunos de los participantes en el taller mencionado. CM.
Prensa Libre (24 nov 09)
La falta de confianza al sistema de justicia ha desencadenado una serie de acontecimientos violentos en las comunidades, que muchas veces concluye con el asesinato violento de sospechosos.
Olivia Ramírez, secretaria del Cocode de la aldea Ixcahuín, se mostró complacida con el taller. “Muchos comunitarios participan en este tipo de actos porque desconocen cuál es el procedimiento legal para procesar a un presunto delincuente”, resaltó.
Jerónimo Miranda, líder religioso, dijo que es necesario inculcar una cultura de paz a los vecinos, ya que muchos se sienten solos ante la debilidad del sistema jurídico.
Taller de prevención
Líderes comunitarios de Nuevo Progreso, San Marcos, participaron en un taller sobre prevención de linchamientos, el cual fue organizado por el juzgado de Paz local, con el propósito de prevenir ese tipo de hechos en la región.
En el evento estuvieron presentes más de cien representantes de Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes) y alcaldías auxiliares, quienes replicarán el mensaje a lo miembros de sus comunidades.
Ósmar Cifuentes, secretario del referido juzgado, dijo que en lo que va del 2009 se han registrado seis intentos de linchamiento, lo que demuestra que la población está propensa a participar en ese tipo de eventos.
Durante el taller se les explicó cuáles son los procedimientos a seguir por parte de la Policía Nacional Civil y el Organismo Judicial para procesar a un detenido.
Además se les informó sobre los delitos en los que incurren las personas que participan en una agresión de tal categoría y que al final cometen asesinato.
Los comunitarios están de acuerdo con ese tipo de actividades, pero piden a las autoridades que se acerquen más a los pueblos para conocer de cerca los problemas que los aquejan, principalmente de seguridad.
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Nota: Modifiqué el orden de los párrafos para resaltar las tres hipótesis con las que se identificaron algunos de los participantes en el taller mencionado. CM.
17 November 2009
Linchamientos vinculados a Juntas de Seguridad
por Eduardo Villatoro
La Hora (16 nov 09)
No puede justificarse, de ninguna manera, que grupos de vecinos de cualquier localidad urbana o rural pretendan tomar la justicia por sus propias manos, aunque se quiera explicar que es consecuencia del alto grado de impunidad que impera en el país y a causa del constante incremento de delitos atribuidos al crimen organizado y a pandillas de delincuentes juveniles.
Por medio del correo electrónico me acabo de enterar de la forma como en San Juan Cotzal, un agente de la Policía Nacional Civil fue víctima de la incontrolable furia de una multitud, sólo por intentar averiguar porqué se encontraba retenido un hijo suyo de 15 años de edad, en aquel municipio de Quiché.
Según la versión de un lector y amigo mío a quien llamaré Macario, para evitarle represalias, el domingo 1 de este mes, Día de los Santos, grupos de sujetos fuertemente armados con escopetas y machetes detuvieron a un adolescente porque fue señalado de ser miembro de una de las maras que abundan en aquel departamento y en toda la República.
El padre del muchacho, un agente de la PNC originario de Cotzal, que estaba de servicio en el cercano municipio de Chajul, del mismo departamento, fue avisado por familiares que su hijo menor de edad había sido atrapado por los integrantes de una turba, encerrándolo en una especie de calabozo, aparentemente con el consentimiento del Alcalde municipal de Cotzal, a quien, asimismo, se le señala de encabezar o manipular a la Junta Local de Seguridad.
De acuerdo con la versión de Macario, el agente policial habría pensado que por trabajar en la PNC sus paisanos iban a tener alguna consideración para su hijo, sobre todo porque preguntó cuál delito había cometido el muchacho, para que fuera consignado al Juzgado de Paz más cercano. Pero el policía no contó el enardecimiento de la turba, cuyos integrantes, cegados por el odio y la venganza, arremetieron contra el agente, que fue linchado y quemado vivo.
Macario afirma que algunas o muchas de las Junta Locales de Seguridad de Quiché operan como cuerpos paralelos que participan en distintas clases de atropellos contra cualquier vecino, al margen de los órganos de seguridad y de justicia, recordando los sombríos tiempos de la guerra interna, cuando miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) se convirtieron en verdugos de sus propias comunidades.
Mientras persista el estado de impunidad y de indefensión, desgraciadamente continuarán los linchamientos, por ausencia de la aplicación de la justicia pronta y cumplida.
(Romualdo Tishudo, refiriéndose a los que participan en linchamientos, cita este refrán de la sabiduría popular: -Mientras buscas la venganza, prepara dos tumbas; una de ellas será la tuya).
La Hora (16 nov 09)
No puede justificarse, de ninguna manera, que grupos de vecinos de cualquier localidad urbana o rural pretendan tomar la justicia por sus propias manos, aunque se quiera explicar que es consecuencia del alto grado de impunidad que impera en el país y a causa del constante incremento de delitos atribuidos al crimen organizado y a pandillas de delincuentes juveniles.
Por medio del correo electrónico me acabo de enterar de la forma como en San Juan Cotzal, un agente de la Policía Nacional Civil fue víctima de la incontrolable furia de una multitud, sólo por intentar averiguar porqué se encontraba retenido un hijo suyo de 15 años de edad, en aquel municipio de Quiché.
Según la versión de un lector y amigo mío a quien llamaré Macario, para evitarle represalias, el domingo 1 de este mes, Día de los Santos, grupos de sujetos fuertemente armados con escopetas y machetes detuvieron a un adolescente porque fue señalado de ser miembro de una de las maras que abundan en aquel departamento y en toda la República.
El padre del muchacho, un agente de la PNC originario de Cotzal, que estaba de servicio en el cercano municipio de Chajul, del mismo departamento, fue avisado por familiares que su hijo menor de edad había sido atrapado por los integrantes de una turba, encerrándolo en una especie de calabozo, aparentemente con el consentimiento del Alcalde municipal de Cotzal, a quien, asimismo, se le señala de encabezar o manipular a la Junta Local de Seguridad.
De acuerdo con la versión de Macario, el agente policial habría pensado que por trabajar en la PNC sus paisanos iban a tener alguna consideración para su hijo, sobre todo porque preguntó cuál delito había cometido el muchacho, para que fuera consignado al Juzgado de Paz más cercano. Pero el policía no contó el enardecimiento de la turba, cuyos integrantes, cegados por el odio y la venganza, arremetieron contra el agente, que fue linchado y quemado vivo.
Macario afirma que algunas o muchas de las Junta Locales de Seguridad de Quiché operan como cuerpos paralelos que participan en distintas clases de atropellos contra cualquier vecino, al margen de los órganos de seguridad y de justicia, recordando los sombríos tiempos de la guerra interna, cuando miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) se convirtieron en verdugos de sus propias comunidades.
Mientras persista el estado de impunidad y de indefensión, desgraciadamente continuarán los linchamientos, por ausencia de la aplicación de la justicia pronta y cumplida.
(Romualdo Tishudo, refiriéndose a los que participan en linchamientos, cita este refrán de la sabiduría popular: -Mientras buscas la venganza, prepara dos tumbas; una de ellas será la tuya).
16 November 2009
Linchamiento de policía en Chimaltenango
por Fernando Magzul
Prensa Libre (16 nov 09)
Linchan a agente de la PNC por denuncia falsa de extorsión [en su contra]
El agente de Policía Nacional Civil (PNC) Miguel Ángel Curruchiche González, de 36 años, fue linchado la madrugada de hoy por pobladores de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, que lo acusaban de extorsionar a un piloto de la localidad, denuncia que según las primeras pesquisas, era falsa.
Curruchiche se encontraba patrullando en los alrededores del parque, donde están instalados comercios debido a la feria de ese municipio, cuando fue retenido por miembros de la ronda local, quienes, luego de desarmarlo, lo llevaron al frente de la municipalidad y lo amarraron a uno de los postes del tendido eléctrico.
Según la PNC, Curruchiche fue golpeado brutalmente con palos, puñetazos y patadas que le propinaban unas 20 personas que andaban armados con escopetas y armas cortas.
Honorio Vázquez, jefe de operaciones de la PNC, dijo que después de las 19 horas de ayer acudió al lugar para negociar la liberación del agente, pero fue retenido por la muchedumbre junto con los tres agentes que lo acompañaban.
“Habían unas 500 personas y nos amenazaron en matarnos si interveníamos. Estuvimos retenidos poco más de tres horas y lamentablemente nada pudimos hacer para rescatar a nuestro compañero”, lamentó Vázquez.
José Alfonso Cruz Valdez, encargado del distrito policial de noroccidente, detalló que una investigación da cuenta que el pasado sábado, Curruchiche confiscó un autobús a un piloto que no presentó los documentos del vehículo.
“Creemos que el infractor utilizó a los de la ronda para vengarse del agente, y en vez de contar la verdad, les inventó la historia de que el agente lo estaba extorsionando con Q300. Los vecinos le creyeron y cometieron el crimen”, aseveró Cruz.
“Mientras se establece qué fue lo que realmente ocurrió, la subestación de la PNC será cerrada para proteger a los agentes. Serán las autoridades superiores los que tomen la decisión si en un futuro inmediato retorne la PNC en la población”, concluyó Valdez.
Erick de León, gobernador departamental, acudió al lugar y lamentó lo ocurrido al agente que tenía más de 15 años de servicio en la institución.
Juan Ramos, auxiliar de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), aseguró que abrirán un expediente para velar por el esclarecimiento del crimen, pues existen denuncias contra las rondas de seguridad por cometer ilegalidades.
Prensa Libre (16 nov 09)
Linchan a agente de la PNC por denuncia falsa de extorsión [en su contra]
El agente de Policía Nacional Civil (PNC) Miguel Ángel Curruchiche González, de 36 años, fue linchado la madrugada de hoy por pobladores de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, que lo acusaban de extorsionar a un piloto de la localidad, denuncia que según las primeras pesquisas, era falsa.
Curruchiche se encontraba patrullando en los alrededores del parque, donde están instalados comercios debido a la feria de ese municipio, cuando fue retenido por miembros de la ronda local, quienes, luego de desarmarlo, lo llevaron al frente de la municipalidad y lo amarraron a uno de los postes del tendido eléctrico.
Según la PNC, Curruchiche fue golpeado brutalmente con palos, puñetazos y patadas que le propinaban unas 20 personas que andaban armados con escopetas y armas cortas.
Honorio Vázquez, jefe de operaciones de la PNC, dijo que después de las 19 horas de ayer acudió al lugar para negociar la liberación del agente, pero fue retenido por la muchedumbre junto con los tres agentes que lo acompañaban.
“Habían unas 500 personas y nos amenazaron en matarnos si interveníamos. Estuvimos retenidos poco más de tres horas y lamentablemente nada pudimos hacer para rescatar a nuestro compañero”, lamentó Vázquez.
José Alfonso Cruz Valdez, encargado del distrito policial de noroccidente, detalló que una investigación da cuenta que el pasado sábado, Curruchiche confiscó un autobús a un piloto que no presentó los documentos del vehículo.
“Creemos que el infractor utilizó a los de la ronda para vengarse del agente, y en vez de contar la verdad, les inventó la historia de que el agente lo estaba extorsionando con Q300. Los vecinos le creyeron y cometieron el crimen”, aseveró Cruz.
“Mientras se establece qué fue lo que realmente ocurrió, la subestación de la PNC será cerrada para proteger a los agentes. Serán las autoridades superiores los que tomen la decisión si en un futuro inmediato retorne la PNC en la población”, concluyó Valdez.
Erick de León, gobernador departamental, acudió al lugar y lamentó lo ocurrido al agente que tenía más de 15 años de servicio en la institución.
Juan Ramos, auxiliar de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), aseguró que abrirán un expediente para velar por el esclarecimiento del crimen, pues existen denuncias contra las rondas de seguridad por cometer ilegalidades.
13 November 2009
Capital social y linchamientos
por Carlos A. Mendoza
Una de las formas en que el conflicto armado interno afectó a las comunidades indígenas fue erosionando sus tradicionalmente altos niveles de capital social (relaciones de confianza o tejido social). Según la MINUGUA, el deterioro del capital social llegó a tales niveles que podría explicarse con ello el fenómeno de los linchamientos en Guatemala, pues las enemistades creadas a consecuencia de la guerra (y la desconfianza entre vecinos) han imposibilitado el uso de los mecanismos tradicionales para la resolución de sus conflictos.
Por mi parte, he mostrado evidencia de linchamientos con anterioridad al conflicto armado, para indicar que, si ha habido algún aprendizaje de las comunidades sobre este método de control social (vía el terror comunitario) hay que buscarlo más atrás, en el pasado colonial. Sobre el argumento de un capital social erosionado, he dicho que no se pude negar tal deterioro, pero que aun así los niveles de capital social en las comunidades indígenas me parecen más altos que en el resto del país. Esto es lo que facilita a dichas comunidades la solución del conocido problema de la acción colectiva. Se organizan con mayor facilidad que las comunidades ladinas para proveer los bienes públicos que el Estado no les provee. Esto puede explicarse, según yo, por las fuertes identidades étnicas o territoriales que no fueron borradas por la guerra y que, efectivamente, facilitan la movilización colectiva a la hora de amenazas externas.
Incluso, en algunos casos de comunidades directamente afectadas por la guerra, se puede observar que la sobrevivencia misma dependía de esa capacidad de contribución al bienestar colectivo. Las dificultades de la guerra, el refugio, la persecución y el control militar del Estado, más bien parecen haber fortalecido sus lazos de solidaridad al interior de las mismas. Seguramente, la desconfianza hacia quienes no eran miembros de la comunidad sí aumentó. De hecho, la mayoría de linchamientos son contra individuos ajenos a la comunidad.
Sin embargo, el objetivo de esta reflexión no es repetir lo que ya se ha dicho, sino revisar nueva evidencia que parece sustentar mi argumento sobre relativamente altos niveles de capital social, a pesar del conflicto bélico (1960-96). Recientemente, se publicó el Índice de la Prosperidad 2009 (Legatum) cuyo ranking ubica a Guatemala en el segundo puesto de Centroamérica, sólo detrás de Costa Rica, en cuanto a capital social. Si la vemos en relación a un total de 18 países latinoamericanos, Guatemala sigue entre los mejor calificados, ocupando el cuarto puesto, detrás de Rep. Dominicana, México y Costa Rica. A nivel mundial, Guatemala ocupa el puesto 49 de un total de 104 países. Es decir que se ubica hacia la mitad de la tabla, dentro de un rango considerado como promedio internacional. Llama mucho la atención este indicador entre todos los usados por el estudio pues es, junto con el indicador de libertad personal, donde el país puntea aceptablemente (en el promedio), mientras que en los demás indicadores estamos entre los peores del mundo.
Para medir el capital social, entendido como confianza en las relaciones y comunidades consolidadas, se tomaron los datos de la Encuesta Mundial de Gallup. Las conclusiones, tanto para Guatemala como para Costa Rica, fueron las siguientes:
La sociedad guatemalteca se beneficia de altos niveles de donación y voluntariado social. Más de 8 de cada 10 encuestados indicó que pueden confiar en sus familias y amigos en tiempos de necesidad, ubicándose el país en la media internacional. En Guatemala, casi la mitad de los encuestados dijo que han donado para obras de caridad en el último mes, y un cuarto han hecho trabajo voluntario, ubicándose el país en el puesto 27 en el ranking internacional. Casi la mitad dijo haber ayudado a un extraño en el último mes, y la mayoría de la población considera la religión como algo importante en su vida diaria. La encuesta no contenía información sobre participación en grupos, la importancia de los amigos, ni sobre niveles generales de confianza.
En Costa Rica se encontraron razonablemente altos niveles de capital social (puesto 47 de 104), evidenciados por sus niveles de donaciones y de ayuda a extraños. Los costarricenses demuestran fuerte sentido de responsabilidad social hacia sus comunidades. El voluntariado muestra un nivel de 21 por ciento, y las donaciones llegan al 40 por ciento. Por lo que Guatemala estaría mejor ubicada en dichos indicadores (25 por ciento y 50 por ciento, respectivamente). Adicionalmente, Costa Rica muestra un impresionante nivel de ayuda a los extraños (60 por ciento, por arriba del 50 por ciento de los guatemaltecos), lo cual ubica al país entre los primeros 20 puestos del ranking en este indicador. Nueve de cada diez encuestados cree que pude confiar en sus familiares y amigos, por lo que está levemente arriba de Guatemala en este sentido, y dentro de la cuarta parte superior de la tabla, demostrando altos niveles de confianza. Costa Rica es de los países más religiosos del mundo, en el puesto 39 de 104. Tampoco había datos disponibles sobre pertenencia a grupos y confianza hacia otros (que no sean amigos o familiares).
Una de las formas en que el conflicto armado interno afectó a las comunidades indígenas fue erosionando sus tradicionalmente altos niveles de capital social (relaciones de confianza o tejido social). Según la MINUGUA, el deterioro del capital social llegó a tales niveles que podría explicarse con ello el fenómeno de los linchamientos en Guatemala, pues las enemistades creadas a consecuencia de la guerra (y la desconfianza entre vecinos) han imposibilitado el uso de los mecanismos tradicionales para la resolución de sus conflictos.
Por mi parte, he mostrado evidencia de linchamientos con anterioridad al conflicto armado, para indicar que, si ha habido algún aprendizaje de las comunidades sobre este método de control social (vía el terror comunitario) hay que buscarlo más atrás, en el pasado colonial. Sobre el argumento de un capital social erosionado, he dicho que no se pude negar tal deterioro, pero que aun así los niveles de capital social en las comunidades indígenas me parecen más altos que en el resto del país. Esto es lo que facilita a dichas comunidades la solución del conocido problema de la acción colectiva. Se organizan con mayor facilidad que las comunidades ladinas para proveer los bienes públicos que el Estado no les provee. Esto puede explicarse, según yo, por las fuertes identidades étnicas o territoriales que no fueron borradas por la guerra y que, efectivamente, facilitan la movilización colectiva a la hora de amenazas externas.
Incluso, en algunos casos de comunidades directamente afectadas por la guerra, se puede observar que la sobrevivencia misma dependía de esa capacidad de contribución al bienestar colectivo. Las dificultades de la guerra, el refugio, la persecución y el control militar del Estado, más bien parecen haber fortalecido sus lazos de solidaridad al interior de las mismas. Seguramente, la desconfianza hacia quienes no eran miembros de la comunidad sí aumentó. De hecho, la mayoría de linchamientos son contra individuos ajenos a la comunidad.
Sin embargo, el objetivo de esta reflexión no es repetir lo que ya se ha dicho, sino revisar nueva evidencia que parece sustentar mi argumento sobre relativamente altos niveles de capital social, a pesar del conflicto bélico (1960-96). Recientemente, se publicó el Índice de la Prosperidad 2009 (Legatum) cuyo ranking ubica a Guatemala en el segundo puesto de Centroamérica, sólo detrás de Costa Rica, en cuanto a capital social. Si la vemos en relación a un total de 18 países latinoamericanos, Guatemala sigue entre los mejor calificados, ocupando el cuarto puesto, detrás de Rep. Dominicana, México y Costa Rica. A nivel mundial, Guatemala ocupa el puesto 49 de un total de 104 países. Es decir que se ubica hacia la mitad de la tabla, dentro de un rango considerado como promedio internacional. Llama mucho la atención este indicador entre todos los usados por el estudio pues es, junto con el indicador de libertad personal, donde el país puntea aceptablemente (en el promedio), mientras que en los demás indicadores estamos entre los peores del mundo.
Para medir el capital social, entendido como confianza en las relaciones y comunidades consolidadas, se tomaron los datos de la Encuesta Mundial de Gallup. Las conclusiones, tanto para Guatemala como para Costa Rica, fueron las siguientes:
La sociedad guatemalteca se beneficia de altos niveles de donación y voluntariado social. Más de 8 de cada 10 encuestados indicó que pueden confiar en sus familias y amigos en tiempos de necesidad, ubicándose el país en la media internacional. En Guatemala, casi la mitad de los encuestados dijo que han donado para obras de caridad en el último mes, y un cuarto han hecho trabajo voluntario, ubicándose el país en el puesto 27 en el ranking internacional. Casi la mitad dijo haber ayudado a un extraño en el último mes, y la mayoría de la población considera la religión como algo importante en su vida diaria. La encuesta no contenía información sobre participación en grupos, la importancia de los amigos, ni sobre niveles generales de confianza.
En Costa Rica se encontraron razonablemente altos niveles de capital social (puesto 47 de 104), evidenciados por sus niveles de donaciones y de ayuda a extraños. Los costarricenses demuestran fuerte sentido de responsabilidad social hacia sus comunidades. El voluntariado muestra un nivel de 21 por ciento, y las donaciones llegan al 40 por ciento. Por lo que Guatemala estaría mejor ubicada en dichos indicadores (25 por ciento y 50 por ciento, respectivamente). Adicionalmente, Costa Rica muestra un impresionante nivel de ayuda a los extraños (60 por ciento, por arriba del 50 por ciento de los guatemaltecos), lo cual ubica al país entre los primeros 20 puestos del ranking en este indicador. Nueve de cada diez encuestados cree que pude confiar en sus familiares y amigos, por lo que está levemente arriba de Guatemala en este sentido, y dentro de la cuarta parte superior de la tabla, demostrando altos niveles de confianza. Costa Rica es de los países más religiosos del mundo, en el puesto 39 de 104. Tampoco había datos disponibles sobre pertenencia a grupos y confianza hacia otros (que no sean amigos o familiares).
03 November 2009
Turba lincha a agente de la PNC por intento de asesinato
por Willverth J. Girón
elPeriódico (02 nov 09)
Una turba linchó al agente de la PNC, Pedro Rodríguez Toma, por herir con arma de fuego a Diego Rodríguez Toma, quien es el presidente de la Junta Local de Seguridad Ciudadana (JLSC) del municipio de San Juan Cotzal, Quiché.
Según información de la Policía Nacional Civil (PNC), al momento de ser capturado por la turba, el agente portaba su arma de servicio (una 9mm) y una subametralladora Mini Uzi 9mm con la que hirió al líder comunitario. Se encontraba uniformado y con un gorro pasamontañas.
Según comentó Daniel Rivas, comisario de servicio en la subestación de Quiché, “al parecer el agente está molesto porque los vecinos del municipio le llamaron la atención a un su hijo que se presume es integrante de una mara denominada Los Rockeros”.
El alcalde de San Juan Cotzal, José Pérez Chen, comentó que la intención del agente de la PNC era matarlo a él “pero como yo estaba en el cementerio no me encontró y decidió cobrárselas con Rodríguez”.
“En el municipio le hemos declarado la guerra a las maras y a los delincuentes que actúan en solitario, por eso, los habitantes le llamaron la atención al hijo del agente y al parecer eso lo enojó” comentó Pérez.
Algunos pobladores, pedían que se entregara al detenido a las autoridades correspondientes mientras que otros exigían la presencia del ministro de Gobernación, Raúl Velásquez, para impedir un posible linchamiento. Sin embargo, en horas de la noche, los pobladores lo golpearon y posteriormente le prendieron fuego.
elPeriódico (02 nov 09)
Una turba linchó al agente de la PNC, Pedro Rodríguez Toma, por herir con arma de fuego a Diego Rodríguez Toma, quien es el presidente de la Junta Local de Seguridad Ciudadana (JLSC) del municipio de San Juan Cotzal, Quiché.
Según información de la Policía Nacional Civil (PNC), al momento de ser capturado por la turba, el agente portaba su arma de servicio (una 9mm) y una subametralladora Mini Uzi 9mm con la que hirió al líder comunitario. Se encontraba uniformado y con un gorro pasamontañas.
Según comentó Daniel Rivas, comisario de servicio en la subestación de Quiché, “al parecer el agente está molesto porque los vecinos del municipio le llamaron la atención a un su hijo que se presume es integrante de una mara denominada Los Rockeros”.
El alcalde de San Juan Cotzal, José Pérez Chen, comentó que la intención del agente de la PNC era matarlo a él “pero como yo estaba en el cementerio no me encontró y decidió cobrárselas con Rodríguez”.
“En el municipio le hemos declarado la guerra a las maras y a los delincuentes que actúan en solitario, por eso, los habitantes le llamaron la atención al hijo del agente y al parecer eso lo enojó” comentó Pérez.
Algunos pobladores, pedían que se entregara al detenido a las autoridades correspondientes mientras que otros exigían la presencia del ministro de Gobernación, Raúl Velásquez, para impedir un posible linchamiento. Sin embargo, en horas de la noche, los pobladores lo golpearon y posteriormente le prendieron fuego.
24 October 2009
Reporte GAM a septiembre 2009
Grupo de Apoyo Mutuo - GAM (*)
La constante desesperación de los guatemaltecos y guatemaltecas ante la falta de respuesta de las instituciones encargadas de brindar seguridad, como de las encargadas de impartir justicia, ha generado frustración, odio y sobre todo temor, recurriendo a cualquier otro tipo de solución de la situación violenta por la que actualmente pasa nuestro país; los linchamientos son uno de ellos, han sido utilizados por años para dar castigo a quienes, al parecer de los pobladores, merecen ser puestos en disciplina.
Anteriormente los linchamientos se daban de otra forma, sin embargo, al evolucionar la violencia, evolucionó también la forma en que se puede aplicar una aparente justicia y practicar el vandalismo, un ejemplo de ello es que anteriormente era muy raro escuchar que le dieran muerte a la persona a quien se le aplicaba la medida disciplinaria, en cambio en la actualidad constantemente se escucha que además de golpear a los supuestos delincuentes, se les da muerte de las maneras más crueles.
El aumento constante de los linchamientos se ha reflejado en las estadísticas que se presentan mes a mes, de acuerdo con el monitoreo que GAM realiza, el año 2008 al mes de septiembre reportaba 94 casos de linchamientos y 6 personas muertas, por la misma causa. Sin embargo, al mismo mes del 2009 se reportan 110 personas linchadas y 28 muertas, lo cual refleja claramente la desesperación de los pobladores ante la inseguridad que se vive actualmente. El siguiente cuadro es muestra de lo anteriormente descrito.

(*) Informe sobre la situación de derechos humanos y hechos de violencia al mes de septiembre 2009, pp. 9-10.
La constante desesperación de los guatemaltecos y guatemaltecas ante la falta de respuesta de las instituciones encargadas de brindar seguridad, como de las encargadas de impartir justicia, ha generado frustración, odio y sobre todo temor, recurriendo a cualquier otro tipo de solución de la situación violenta por la que actualmente pasa nuestro país; los linchamientos son uno de ellos, han sido utilizados por años para dar castigo a quienes, al parecer de los pobladores, merecen ser puestos en disciplina.
Anteriormente los linchamientos se daban de otra forma, sin embargo, al evolucionar la violencia, evolucionó también la forma en que se puede aplicar una aparente justicia y practicar el vandalismo, un ejemplo de ello es que anteriormente era muy raro escuchar que le dieran muerte a la persona a quien se le aplicaba la medida disciplinaria, en cambio en la actualidad constantemente se escucha que además de golpear a los supuestos delincuentes, se les da muerte de las maneras más crueles.
El aumento constante de los linchamientos se ha reflejado en las estadísticas que se presentan mes a mes, de acuerdo con el monitoreo que GAM realiza, el año 2008 al mes de septiembre reportaba 94 casos de linchamientos y 6 personas muertas, por la misma causa. Sin embargo, al mismo mes del 2009 se reportan 110 personas linchadas y 28 muertas, lo cual refleja claramente la desesperación de los pobladores ante la inseguridad que se vive actualmente. El siguiente cuadro es muestra de lo anteriormente descrito.

(*) Informe sobre la situación de derechos humanos y hechos de violencia al mes de septiembre 2009, pp. 9-10.
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