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18 January 2012

Azotes como "castigo maya"

Azotan a pastor evangélico por agredir a su cuñada en Quiché

Un pastor evangélico recibió nueve azotes de manera pública como parte de un castigo maya por haber golpeado a su cuñada en la comunidad Xatinap Primer Centro, Santa Cruz del Quiché.

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06 July 2011

Turba intenta linchar a tres personas en Quiché

Alrededor de 500 residentes de la aldea Tzununul, Sacapulas, Quiché, intentaron linchar a tres personas por ser presuntos responsables de la muerte de Hilario Osorio Tzoy, vecino del lugar, pero la Policía Nacional Civil (PNC) pudo evitarlo y arrestar a los retenidos.

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24 March 2011

Nuevo caso en Quiché

Vecinos de San Andrés Sajcabajá retienen a supuesto homicida

La población de San Andrés Sajcabajá, Quiché, retiene a un hombre acusado de haber matado a otro en la entrada del municipio, y amenazan con lincharlo.

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20 March 2011

Imagenes en los MCS


Gracias a Luis Castellán por facilitarnos esta imagen. CM.

18 March 2011

¿Castigo Maya?

En Emisoras Unidas, ayer por la tarde y hoy por la mañana, dieron esta misma noticia diciendo que la población aplicaría el "Castigo Maya". Sin embargo, ellos ubicaron el episodio en Totonicapán -Sta. Lucía La Reforma. CM.

Así lo presentó hoy (18 mar 11) PrensaLibre.com:

Vapulean a presuntos sicarios

Pobladores de Santa Cruz del Quiché retuvieron ayer a dos presuntos sicarios, así como a la esposa, hija y yerno de Diego Quinillo Tum, de 70 años, supuestamente por haber planificado su muerte para saldar una deuda de Q30 mil y quedarse con varias propiedades.




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06 January 2011

Alcalde acusado de incitar linchamiento

Emiten orden de captura contra alcalde de Cotzal

El Juzgado Primero de Alto Riesgo confirmó la orden de captura de José Pérez Chen, alcalde de San Juan Cotzal, Quiché, ya que se le investiga por supuestamente haber incitado a la población a cometer un linchamiento.

Leer más en Prensa Libre (6 ene 11)

17 December 2010

No tolerar los linchamientos

Editorial de Siglo XXI
17 dic 2010

Ahora que se sabe sobre una orden de captura contra un alcalde, a quien se liga con un caso de linchamiento en una población de Quiché, es oportuno reiterar que este tipo de hechos criminales no debe ser tolerado en ninguna circunstancia, y menos cuando se ven inmiscuidas autoridades legítimamente electas.

Guatemala es ahora un caso especial a nivel internacional por la cantidad de personas que cada año mueren en manos de turbas enardecidas que, si bien desesperadas por los altos niveles de violencia y de impunidad reinantes, deciden tomar la justicia por cuenta propia. Es así como, sin dudarlo y sin obviamente verificar las acusaciones que pesan sobre sus víctimas, las agreden hasta la muerte.

Uno de esos tantos hechos delincuenciales es el que ahora involucra, con una orden de captura vigente, al alcalde de San Juan Cotzal, Quiché, José Pérez Chen. El jefe edil, junto a cientos de vecinos, habría tenido participación en el linchamiento del agente de la Policía Nacional Civil Pedro Rodríguez Toma, un hecho ocurrido en noviembre de 2009.

Junto a la orden de captura de Pérez, también las instancias legales han emitido otras 28 contra pobladores.

Aunque la versión en el lugar indica que el agente policial fallecido atacó con su arma de fuego a una autoridad del municipio (luego de que un hijo del linchado fuera reprendido por presuntamente pertenecer a una mara), ahora también se cree que el agente Pérez podría haber salido en defensa de su hijo, pues éste era sometido a vejámenes.

De una o de otra forma que los hechos se hayan producido, nada justificaba que los vecinos terminaran con la vida de una persona. Y especialmente grave es que también trascienda la participación del alcalde en una barbarie como la cometida.

Si un ingrediente adicional hacía falta en esta historia de abusos de autoridad, también surgen versiones acerca de que podría obstaculizarse la persecución legal por un grupo de ex Patrulleros de Autodefensa Civil que protege al alcalde Pérez Chen.

Ya estos personajes, revividos maquiavélicamente durante la administración del gobierno del Frente Republicano Guatemalteco, aparecieron en días recientes bloqueando carreteras como parte de sus exigencias para que el Gobierno les pague recursos totalmente injustificados. Tal es su nivel de poder, y el de nuestros gobiernos para ceder a los chantajes, que el martes empezarán a recibir el dinero.

Así que las fuerzas de seguridad y las entidades llamadas a aplicar la justicia tienen en sus manos un caso importante que bien puede sentar precedentes en la lucha contra la impunidad.

11 October 2010

Vecinos destrozan estación policial de Chichicastenango

POR JIMMY REN (Prensa Libre 11 oct 10)
El Quiché, Guatemala


Un policía y un supuesto delincuente vapuleados, y destrozos en la subestación policial de Chichicastenango, Quiché, es el resultado, ayer domingo, de una jornada de tensión protagonizada por vecinos para ajusticiar a unos asaltantes.

Cuatro sujetos abordaron un mototaxi para que los llevara del centro del municipio a una comunidad llamada Pachoj, a unos dos kilómetros del centro de la ciudad. Una vez llegaron intentaron asaltar al mototaxista, pero éste pudo alertar a la población. La turba sólo pudo atrapar a un individuo, mientras que los otros tres escaparon.

Los enardecidos vecinos vapulearon al sujeto pero la Policía Nacional Civil (PNC) intervino en ese momento, lo rescató y procuró ponerlo a salvo en el edificio de la municipalidad. La turba ingresó a la fuerza y aunque no pudo alcanzar al ladrón sí lo hizo contra un agente policial, a quien despojaron de sus pertenencias, incluída la pistola, y lo vapulearon.

A continuación, los inconformes llevaron al policía vapuleado hasta la subestación para entregarlo a cambio de que les entregaran al presunto asaltante; en la negociación el agente logró escapar, lo que caldeó más la furia de los vecinos. De esa manera destruyeron las ventanas, el equipo de cómputo, las patrullas y los archivos. A eso de las 22 horas llegó un contigente de policías de la cabecera departamental, pero la turba ya se había dispersado.

Tanto el policía como el supuesto asaltante fueron trasladados al hospital departamental para su curación.

11 April 2010

Pobladores linchan a tres presuntos delincuentes

por Ángel Julajuj
Prensa Libre (8 abr 10)

Tres hermanos señalados de integrar la banda denominada los Jerónimos, la cual extorsiona, secuestra y asalta autobuses en la ruta Interamericana, fueron linchados ayer por vecinos de la comunidad Semejá II, Chichicastenango, Quiché. Leer más AQUÍ

Portada en Nuestro Diario

06 December 2009

Linchamiento en San Pedro Jocopilas, Quiché

Según Emisoras Unidas (5 dic 09), un hombre fue linchado por pobladores de la aldea Las Pozas, San Pedro Jocopilas, Quiché, acusado de dar muerte a machetazos a un hombre de la tercera edad.

Se trata de Rolando Reynoso de 34 años, a quienes vecinos sacaron de su vivienda en el cantón San Lucas, aldea Santa María y lo trasladaron hacia Las Pozas.

La Policía Nacional Civil no pudo hacer nada por evitar el linchamiento ya que la turba bloqueó el ingreso al lugar.

Con este hecho suman cuatro las personas que han sido linchadas en Guatemala en las últimas 24 horas.


Así salió la noticia en El Heraldo, de Honduras:

Linchan a séptima víctima en dos semanas
Guatemala, Guatemala.

Una turba enardecida de un poblado indígena al norte de la capital guatemalteca linchó a un presunto delincuente, con lo que se elevó a siete el número de víctimas por este tipo de acciones en las últimas dos semanas, informó la policía.

El incidente de registró en el municipio de San Pedro Jocopilas, Quiché, unos 180 km al norte de la capital, y la víctima fue identificada como Ronaldo Reynoso, de 34 años, indicó a la prensa el jefe de la comisaría de Quiché, Jorge Luis Pérez Borja.

Pérez Borja indicó que la población sacó de su vivienda a la víctima, a quien acusaron de asesinar a machetazos a Manuel López Acabal (73) la semana pasado, luego la llevaron a la plaza central donde le propinaron una paliza, para luego quemarlo vivo.

El pasado viernes tres supuestos delincuentes fueron linchados en una aldea de Guatemala fronteriza con México, en el estado [departamento] de Huehuetenango.

A los presuntos delincuentes se les acusaba del secuestro y asesinato de una mujer de la comunidad de Santa Bárbara, donde se produjo el linchamiento, según el vocero del Organismo Judicial (OJ), Guillermo Melgar.

El pasado 27 de noviembre también murieron lapidados tres presuntos extorsionistas y sicarios, incluida una mujer, en la cabecera departamental de Sololá (oeste), acusados por el pueblo de asesinar al chofer de un autobús que viajaba hacia la capital.

Fuente: AQUI

03 November 2009

Turba lincha a agente de la PNC por intento de asesinato

por Willverth J. Girón
elPeriódico (02 nov 09)

Una turba linchó al agente de la PNC, Pedro Rodríguez Toma, por herir con arma de fuego a Diego Rodríguez Toma, quien es el presidente de la Junta Local de Seguridad Ciudadana (JLSC) del municipio de San Juan Cotzal, Quiché.

Según información de la Policía Nacional Civil (PNC), al momento de ser capturado por la turba, el agente portaba su arma de servicio (una 9mm) y una subametralladora Mini Uzi 9mm con la que hirió al líder comunitario. Se encontraba uniformado y con un gorro pasamontañas.

Según comentó Daniel Rivas, comisario de servicio en la subestación de Quiché, “al parecer el agente está molesto porque los vecinos del municipio le llamaron la atención a un su hijo que se presume es integrante de una mara denominada Los Rockeros”.

El alcalde de San Juan Cotzal, José Pérez Chen, comentó que la intención del agente de la PNC era matarlo a él “pero como yo estaba en el cementerio no me encontró y decidió cobrárselas con Rodríguez”.

“En el municipio le hemos declarado la guerra a las maras y a los delincuentes que actúan en solitario, por eso, los habitantes le llamaron la atención al hijo del agente y al parecer eso lo enojó” comentó Pérez.

Algunos pobladores, pedían que se entregara al detenido a las autoridades correspondientes mientras que otros exigían la presencia del ministro de Gobernación, Raúl Velásquez, para impedir un posible linchamiento. Sin embargo, en horas de la noche, los pobladores lo golpearon y posteriormente le prendieron fuego.

10 May 2009

El linchamiento del sastre

por Marta Sandoval
elPeriódico (10 mayo 2009)

Después de la golpiza y justo cuando su cuerpo empezaba a arder en llamas, José Tecú se desmayó. Y el desmayo fue un alivio, porque el dolor y el miedo llegaban ya a niveles intolerables. Su cuerpo permanecía en el suelo, rodeado de decenas de personas que no querían irse sin, al menos, haberle asestado un puntapié a aquel hombre que más bien parecía un saco de huesos rotos. Pero el desmayo duró poco y con la conciencia llegaron los rostros de seres iracundos que le insultaban. Con el único ojo que le quedaba alcanzó a ver los cascos de la Policía que intentaban inútilmente calmar a los pobladores. Quiso rodar por el suelo para apagar las llamas que le calcinaban, pero el calor y el ardor en la piel eran inmensos, no pudo hacer nada, sólo permanecer en el suelo y dejar que las llamas se fueran comiendo su cuerpo. “Yo ya estoy muerto”, pensó, y acto seguido le pidió a Dios que saliera a su encuentro, “¿por qué no te veo si ya estoy muerto?”, le decía. Fue el único sobreviviente de los tres linchados el 12 de enero de 2009, en Camanchaj, Quiché.

Los acusaban de haber secuestrado a Ana Ajanel y a su hija de cuatro años. Pero el rapto está rodeado de misterio, nadie habla de eso y Ana se niega a contar lo que pasó. Algunos dicen que la violaron frente a la pequeña, otros dicen que les quemaron la piel con cigarros y hay otros que aseguran que no les hicieron nada, que sólo las retuvieron unas cuantas horas hasta que el esposo pagó el rescate. Se dijo además que los pobladores encontraron armas, huesos y un cráneo humano en la casa de los supuestos secuestradores.

Y todo esto lo dicen por lo bajo, porque nadie en el pueblo se atreve a aludir el asunto de frente. “Ya eso está cerrado, no hay nada más que decir”, dice Tomás Saquic, uno de los “principales” de Camanchaj. Sus palabras suenan como pedradas a través de la línea telefónica, “no esté preguntando nada, ya se hizo justicia y eso es asunto nuestro”, asevera, “lo único que le puedo decir es que aquí tenemos mano dura y sabemos que la Policía, los derechos humanos y los jueces son unos corruptos”. No hay más palabras.

El sobreviviente

La televisión escupe un partido de fútbol al que nadie le presta atención. La pantalla ilumina seis camas altas y ajadas donde descansan enfermos, recién operados y convalecientes. En la marcada con el número cinco yace José Tecú, tratando de conseguir unos minutos de sueño.

Está cubierto por una sábana azul, tan delgada que se trasluce en su cuerpo amarillento. No tiene almohada, en su lugar su esposa ha acomodado un suéter y una toalla a la que José da forma constantemente. Recién le han retirado la comida y el olor se esparce todavía por la habitación. Es un olor agrio, que se confunde con el cítrico exagerado del desinfectante y el hedor a piel quemada. “Uno se acostumbra rápido, al principio me daba náusea este lugar, pero ya no lo siento”, dice, mientras saca uno de sus brazos de debajo de la manta. Entrecierra los ojos y hace un puchero, su rostro denota que mover la mano no ha sido fácil. Y mano es un decir, porque en realidad lo que José tiene es un colgajo de carne fétida amarillenta, peor aún es el estado de su pierna derecha, un hueso expuesto y quemaduras que se niegan a sanar, eso fue lo que luego de tres meses de padecimientos acabó con su vida. “Me metieron en su lío, yo no tuve nada que ver”, asegura y lo dice alzando la voz, como para cerciorarse de que sus compañeros de cuarto lo han escuchado, y también la mujer que restriega insistentemente un trapeador contra el suelo.

Son los últimos días de febrero y el Hospital Roosevelt está colmado de pacientes. En los pasillos una serie de camillas de metal oxidado se esfuerzan por sostener a los enfermos que ya no caben en los cuartos. Algunos cuidan de no moverse demasiado porque a su lado está un bacín repleto de orines que la enfermera se olvidó de vaciar. Eso es lo que José Tecú observa a diario, “el doctor dice que puedo estar hasta seis meses más aquí”, cuenta con la voz entrecortada. Ese día no podía siquiera imaginar que un mes más tarde tendría que tomar una decisión definitiva: la pierna o la vida. O le amputaban la extremidad carcomida por el fuego o la infección se regaba por todo el cuerpo. Eligió la pierna y el 28 de marzo falleció.

El día más largo

El lunes 12 de enero la esposa de José se levantó antes que el sol. Preparó café y dejó pan en la mesa, después se colocó el canasto con verdura sobre la cabeza y salió sin hacer ruido. Camino al mercado sospechó que algo pasaba en el pueblo porque la calle estaba más animada que de costumbre. No se distrajo, siguió su ruta sin preguntar nada. Ese día recibió pocos clientes, “seguro que hay algo en el salón de usos múltiples” pensó, no por eso nadie se asomaba por el mercado. Pero a media mañana se apareció alguien, no era un cliente, sino su suegro con el rostro pálido y las manos temblorosas: “Están quemando a José”, le dijo, entonces comprendió que el salón de usos múltiples estaba siendo utilizado para uno de los múltiples usos: un linchamiento.

La noche anterior Ana Ajanel había identificado a sus captores. La noticia se fue esparciendo como se esparce la lluvia, sin dejar nada seco. Personas de los ocho cantones vecinos llegaban a intervalos regulares, preguntando dónde estaban los delincuentes y cómo podían ayudar. De acuerdo a los bomberos, llegaron unas mil personas. Se iba a hacer justicia para Ana. De esa cuenta una turba fue a la casa de José Conox y otra a la de Diego Morales. Los sacaron a rastras y los vapulearon hasta el amanecer.

Pero los Ajanel sabían que había un tercer cómplice, alguien a quien Ana no logró reconocer.

“Dijeron mi nombre por decir algo”, cuenta José, en su mirada no hay rastros de ira, ni en su tono de voz indignación. Más bien parece resignado, “los estaban golpeando y a lo mejor pensaron que si decían un nombre los iban a dejar y el primero que se les ocurrió fue el mío”, dice José que vuelve la mirada al televisor y pide que lo apaguen, el enjambre de palabras del narrador le está causando mareo.

El día del linchamiento, a eso de las siete de la mañana, la puerta sonó insistentemente en la casa de José. “Seguro mi mujer olvidó algo”, pensó y se levantó descalzo, medio dormido. No era su esposa, sino un grupo de vecinos que le exigían que saliera. Los cuatro hijos del matrimonio se despertaron sobresaltados, “¿a dónde te llevan papa?”, preguntaban, y José, con sonrisa y la voz serena les aseguró que era un problema por la junta escolar, de la que él formaba parte. “Se va a arreglar rápido”, prometió. En el camino al salón iba pensando que en cuanto le dieran la oportunidad explicaba todo.

No hubo tiempo de explicaciones ni nada. De un momento a otro estaba en el centro del salón recibiendo puntapiés y piedras de los asistentes. Se cubría la cabeza con las manos hasta que uno de los residentes se las ató en la espalda. Después logró ver a un chico, “tendría unos 15 años”, acercarse con un galón de gasolina. Entre los pies y manos armadas de palos, José divisaba una ambulancia y tres bomberos recostados en ella. “No podíamos entrar”, dice Tomás Xon, uno de los paramédicos. “Cuando hay pleito nunca dejan, lo único que uno puede hacer es estar listo para cuando la gente los deje libres o se canse, a ver si todavía nos los entregan vivos”. Y los dieron más muertos que vivos. Los rescatistas los llevaron al hospital de Sololá. Allí murió Conox. Morales y José Tecú fueron trasladados al día siguiente a la capital. A Morales le dio un paro respiratorio días después.

La Policía no intervino nunca. “Con mil personas enojadas uno no se puede meter”, dice el inspector Vargas de la Policía Nacional Civil, “terminaríamos hechos ceniza nosotros también, nadie nos iría a rescatar. Pedimos refuerzos, que nos manden gente de la capital para ver si así podemos controlar la situación, pero los mandan por tierra y tardan mucho en llegar, si los trajeran por aire sería rápido, pero así no se puede”, se queja y luego da una advertencia: “No ande preguntando por ahí qué pasó, porque medio hacen una bulla y en un ratito se juntan todos y viene el fuego”.

Para el Ministerio Público dar con los incitadores es complicado y arriesgado. “No podemos entrar, la comunidad está cercada”, comenta el fiscal Casimiro Efraín. Investigar un linchamiento requiere además de astucia, tener una vocación un tanto suicida. Todos en el pueblo son cómplices y actuaron en conjunto por lo tanto nadie hablará. No confían en la Policía, no denuncian ni les dejan actuar.

Sin embargo Efraín ya ha conseguido llevar a prisión a los causantes de un linchamiento. Fue en 2002, los vecinos de la aldea Chicua III, a unos 10 minutos de Camanchaj, lincharon a 2 personas. Los acusaban de estafa. Las 2 víctimas habían promovido un proyecto para ampliar la cobertura de energía eléctrica en el pueblo, pretendían llevar alumbrado a varios sectores oscuros. Hicieron una colecta entre los habitantes, pero la obra no se realizó. Así que un día, sin mediar palabra, fueron por los que prometieron la luz y les cegaron la vida. En ese entonces Efraín y su equipo lograron convencer a los familiares de las víctimas de que identificaran a los líderes del linchamiento. De esa cuenta lograron dar con los 12 promotores. Tres de ellos fueron condenados a 40 años de cárcel, 7 están prófugos, uno murió poco después del hecho y el último fue capturado en febrero y está a la espera de juicio.

Para atraparlos se valieron de su astucia. Entrar por ellos al pueblo era imposible. “Nos matarían”, cuenta el fiscal. Pero los vigilaron desde afuera y cuando, creyéndose libres, los promotores del linchamiento salieron del pueblo la Policía ya los estaba esperando. En el caso de Camanchaj ningún familiar de los fallecidos ha querido hablar, José, único sobreviviente, dice que no reconoció a nadie. “Los tienen amenazados, viven bajo presión”, cree Efraín, “por eso nadie vio nada, nadie supo nada”.

La Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (Minugua) estableció que en el 78 por ciento de los casos, la propia comunidad fue la “instigadora”. En un 12 por ciento fueron las autoridades locales. Ex agentes del Estado contrainsurgente constituyen el 4 por ciento de los casos. El restante 6 por ciento fueron individuos no identificados plenamente.

¿Linchar es delito?

En muchas ocasiones los pobladores no creen que están cometiendo un delito al linchar... de hecho según la ley no lo están haciendo, porque el delito de linchamiento no existe en el Código Penal guatemalteco. Los jueces logran condenarlos bajo cargos de asesinato, reunión ilícita, daños físicos, desorden público, complicidad y negación de auxilio. La iniciativa de ley que pretende tipificar el linchamiento como un delito y que contempla penas para todo aquel que asista o colabore, está tragando polvo en los archivos del Congreso desde 2001.

Sin embargo, luego del linchamiento en Camanchaj quedó en el pueblo una sensación extraña, como si se tuviese conciencia de que se actuó mal. La gente no sale de sus casas, si se ven en la calle se saludan bajando la mirada. “Ellos saben que todos son cómplices y por eso nadie habla”, dice el fiscal Efraín.

La esposa de José le acaricia la frente, mientras él trata de olvidarse del dolor. Sentada a la izquierda de la cama está la hermana menor de José, las 2 mujeres no se explican por qué pasó eso, si en el pueblo la familia siempre fue vista con buenos ojos aseguran. Son de la etnia maya quiché, al igual que el resto de la población de la aldea. Hay quienes ven en los linchamientos un problema cultural y otros que les tachan de racistas. Los datos de Minugua revelaron que el 79 por ciento de los casos de linchamientos ocurrió en comunidades indígenas, un 8 por ciento compuestas de indígenas y ladinos y en el restante 13 por ciento de comunidades ladinas.

“Lo importante es entender por qué ocurre con más frecuencia en comunidades indígenas”, dice el sociólogo Carlos Mendoza. “Yo he sugerido la hipótesis de que el componente colectivo de los linchamientos es facilitado por la enorme capacidad de organización, coordinación y contribución para proveer bienes públicos, que poseen las comunidades indígenas, en comparación con las comunidades no indígenas. Las fuertes identidades étnicas, o territoriales, y el agudo sentido de pertenencia a la comunidad hacen que una ofensa contra un miembro de la misma sea considerada como algo que afecta a todos los vecinos”, agrega.

Sin embargo la violencia común es más frecuente en comunidades no indígenas. “Eso va en contra del estereotipo de que los indígenas son más violentos, “salvajes”, que los ladinos. Pues, como se ha documentado en varias oportunidades, las tasas de homicidios son muy altas en los municipios no indígenas del país, mientras que son bastante bajas en los municipios indígenas incluso comparables con las de los países nórdicos”, afirma Mendoza.

En 1999 se creó la Comisión Nacional de Prevención del Linchamiento, con la intención de educar a la población. Pero no ha conseguido demasiado. En 2007 hubo 43 casos, el año pasado 56 y en lo que va de 2009 ya se contabilizan 30. “Toda la violencia ha ido en aumento, en todos los sectores”, dice Mildred Luna, que preside la comisión. El último programa que han implementado se llama “Ama la vida, no la destruyas. No seas parte de un linchamiento”, que ha llevado el mensaje a las radios y a los canales locales de cable en los municipios.

La madre de José hizo un viaje largo para poder ver a su hijo. Lo encontró con los ojos vidriosos, la piel quemada y dolor en todo el cuerpo, pero vivo. Habla muy poco y su hijo tiene que traducirle las preguntas al español, no comprende por qué pasó eso, si José es hombre de bien, dice, un sastre trabajador y buen padre. La madre tiene debajo de los ojos dos bolsas largas y profundas, tapizadas de canales horizontales que le forman pliegues, le cuesta caminar y está visiblemente cansada, pero debe volver pronto porque está cuidando a sus nietos, el menor de cuatro años. José baja la mirada e inclina la cabeza. Está pensando en lo que viene después, cuando salga del hospital. “Yo voy a regresar allá”, dice de repente como si acabara de tomar una decisión trascendental en su vida, “voy a seguir de sastre, porque yo ganaba bien”. ¿No tiene miedo? “no, yo creo que ellos se dieron cuenta ya que yo no tuve nada que ver”, asegura.

No tuvo tiempo de volver para demostrarlo ni para enfrentarse a la justicia, esa de jueces y procesos largos.


En San Pedro Yopocapa, los curiosos se acercan a un linchado.Todos son cómplices, aunque no todos lo saben. Con estar presentes ya cometen un delito. Foto de archivo de elPeriódico.

28 April 2009

Investigan a patrulleros ciudadanos por denuncias de agresiones

por Oscar Figueroa
Prensa Libre (28 abr 09)

Santa Cruz del Quiché.- La Policía Nacional Civil (PNC) investiga a patrullas ciudadanas de esta cabecera departamental del Quiché, luego de haber recibido denuncias de agresiones contra pobladores y daños a la propiedad privada.

Leer más AQUÍ

09 April 2009

Caso de Santa Cruz, El Quiché

Así lo presentó, gráficamente, AlDía





08 April 2009

Linchamiento en Quiché

por Emisoras Unidas

Un presunto delincuente muerto y 2 más gravemente heridos es el saldo de un linchamiento. Tras el asesinato de un comerciante en Santa Cruz del Quiché.


Pobladores de Santa Cruz del Quiché linchan a dos supuestos sicarios y otro muere a balazos

por Prensa Libre

Tras el asesinato del patrullero civil, Delfino Sapún Morales, de aproximadamente 40 años, vecinos de la zona 3 de Santa Cruz del Quiché, encontraron a dos de los supuestos sicarios a quienes lincharon dejándolos al borde de la muerte, mientras que un tercero fue muerto en un barranco.

La Policía Nacional Civil (PNC) tuvo que intervenir para que la turba enardecida de vecinos no le diera muerte a los dos supuestos asesinos del patrullero, sin embargo, debido a las heridas que les causaron, los presuntos sicarios se encuentran en estado crítico y fueron resguardados por la PNC.

Un intento fallido de secuestro llevó a los vecinos a realizar esta acción. Pobladores comentaron que seis hombres iban a secuestrar a la esposa de un patrullero líder de la comunidad. Ya la tenían en el interior de un vehículo y por la intervención de la PNC, los secuestradores acribillaron a Sapún.

Los vecinos de la zona 3, colonia El Muerto, en Santa Cruz del Quiché, se percataron de que algunos delincuentes se escondían dentro de un horno para hacer pan y los coparon para lincharlos.

Uno de los presuntos sicarios, que respondía al nombre de José Enrique Maldonado, juró por Dios que él no tenía nada que ver y que se había escondido en ese sitio, por temor a la balacera, sin embargo, no fue perdonado por la población, quien lo vapuleó junto a otro presunto delincuente, hasta que los agentes de la PNC evitaran la muerte de estos hombres.

Posteriormente, los pobladores armados persiguieron a otro de los sicarios que cayó a un barranco y al parecer la población se encargó de que no pudiera salir con vida.

11 March 2009

Vecinos entregan a presunto asesino

Por Oscar Figueroa
Prensa Libre (11 mar 09)

Quiché, San Juan Cotzal.- Autoridades municipales entregaron a Antonio Ostuma Rivera, alias el Bolillo, a la Policía Nacional Civil, a quien señalan de haber matado a un niño de cuatro años, y que se mantenía prófugo de la justicia desde el 2006.

El Concejo citó en la plaza central a dirigentes comunitarios e integrantes de las Juntas Locales de Seguridad para que fueran testigos de la entrega de Ostuma Rivera a la PNC.

“El Bolillo se mantuvo prófugo durante 31 meses, no obstante orden de captura en su contra, desde el 10 de julio del 2006, acusado de haber asesinado a un niño”, informó el alcalde de ese municipio, José Pérez Chen.

El funcionario insistió en que la Policía nunca hizo nada por capturarlo, pero los patrulleros del municipio lo lograron, por lo que será juzgado y pagará por lo que ha hecho.

Los hechos

Según pobladores, el 1 abril del 2006, Ostuma Rivera, junto con Miguel Toma López, mató al niño Donis Miguel Ángel Toma De La Cruz e hirieron a un hermano de éste, que sobrevivió al ataque y lo delató.

Por lo tanto, los vecinos se organizaron y coparon a Ostuma Rivera, quien escapó. Toma López, sin embargo, fue quemado vivo. De acuerdo con Ostuma Rivera, una persona a quien identificó como Víctor Manuel Rivera los contrató para cometer ese delito.

Pobladores de San Juan Cotzal piden la captura del señalado para que se comience el proceso legal en su contra, con el objetivo de deducir responsabilidades.

12 January 2009

Quiché: Vapulean a supuestos plagiarios

Por J. Ren, A. Julajuj y O. Figueroa
Prensa Libre (12 ene 09)


Cientos de vecinos de la comunidad Camanchaj, Chichicastenango, Quiché, vapulearon ayer a tres sujetos quienes, tras la golpiza, admitieron que forman parte de una banda de secuestradores.

En el transcurso de la semana recién pasada, la señora Ana Ajanel Xirum, de 28 años, fue secuestrada junto con su hija, Luz Mila Morales Ajanel, 2.

Los delincuentes las liberaron, luego de que la familia pagara el rescate.

Al momento de entregar el dinero, una persona reconoció a los victimarios y avisó a los vecinos, quienes de inmediato se reunieron para capturar a los plagiarios.

Pobladores de los cantones de Camanchaj, Chicuá Primero, Semejá Primero y Segundo se juntaron y llegaron a las viviendas de los delincuentes, quienes ya no estaban en el lugar, por lo que la turba prendió fuego a las casas y vehículos. Además capturaron a algunos familiares de los individuos.

Los plagiarios se comunicaron con sus parientes para saber si la turba se había alejado —ignoraban que estaban en manos de los pobladores —, y les solicitaron que los recogieran en Camanchaj.

La turba se dirigió a esa comunidad, en donde capturaron a los tres. Éstos son José Conoz Riquiac, 28, de Camanchaj; José Tecum Ramos, 33, de Chicuá Primero, y Diego Morales.

Estos individuos fueron conducidos al salón de usos múltiples de Camanchaj donde, tras haber admitido que pertenecían a una banda de secuestradores, la turba los vapuleó, roció gasolina y les prendió fuego.

Aún con vida, los Bomberos Municipales los llevaron a la emergencia del Hospital de Sololá, y más tarde fueron trasladados al Hospital Roosevelt, en la capital.


Vapulean a tres supuestos secuestradores en Chichicastenango
Por Juan Manuel Castillo, elPeriódico

Tres personas fueron golpeadas y quemadas ayer por pobladores de la aldea Camanchaj del municipio de Chichicastenango, Quiché, informó José Rodríguez, portavoz de los Bomberos Municipales. Se trata de José Conor Riquiac, José Tecú Ramos y Diego Morales, a quienes los habitantes del lugar señalaban de haber secuestrado a una mujer y a su hija.

Los socorristas trasladaron a los heridos al Hospital Nacional de Sololá con fracturas y quemaduras en segundo y tercer grado.

Según el subinspector de la Policía Nacional Civil (PNC), Jorge Aguilar, los pobladores retuvieron desde ayer a los supuestos secuestradores. Al lugar se hicieron presentes habitantes de aldeas y cantones vecinas para respaldar al grupo que quería quemar a los detenidos.

El agente policiaco indicó que se montó una mesa de dialogo con los líderes de esas aldeas para que entregaran a las tres personas, pero estos se negaron y tomaron la justicia por manos propias. El funcionario dijo que habitantes del lugar no permitieron el ingreso al personal de la PNC.

07 January 2009

Azotan a miembros de banda criminal

Por Jimmy Ren y Ángel Julajuj
Prensa Libre (7 ene 09)

Cuatro integrantes de una banda de presuntos asaltantes que operaba en el occidente del país fueron capturados y castigados por autoridades indígenas de 13 comunidades de Sololá y Quiché.

Los cuatro castigados son acusados de asaltar vehículos que transitan por la ruta Interamericana y la carretera a la aldea Godínez, San Andrés Semetabaj, Sololá.

Cientos de lugareños detuvieron a cuatro de los seis miembros de la banda de atracadores, en la madrugada del pasado martes, y los condujeron a Panimaché Segundo, Chichicastenango, Quiché.

Allí, la turba amarró a los criminales a las columnas de la cancha de baloncesto de la escuela local. Cada ladrón fue azotado 25 veces por parte de ancianos indígenas de 13 comunidades.

El castigo fue presenciado por más de dos mil personas, entre hombres, mujeres y niños. Además, las armas decomisadas fueron destruidas con una hacha y puestas a la vista.

Los bandidos fueron identificados como Antonio Solís Tecum, de 44 años; Diego Tecum Tol, 33; Nicolás Laínez Calel, 37, y Juan Toc Zapeta, 20.

“Estamos cansados de tanta inseguridad”, expresó José Macario Morales, alcalde indígena de justicia de Chichicastenango. “Tenemos derecho de aplicar justicia contra la gente que se porta mal, mas no estamos de acuerdo con los linchamientos”, afirmó. Antes de ser entregados a la Policía, los cuatro sindicados confesaron sus fechorías.



"Autoridades mayas dieron 25 azotes a cada uno de los cuatro presuntos asaltantes que aparecen en las fotos adjuntas."